AL TRASLUZ
Más presente
AUNQUE reflexionar sobre la Historia no es competencia sólo de los historiadores, no estará de más que en ante lo que ahora se nos avecina con la reforma del Estatuto jerarquicemos la solvencia de los análisis sobre nuestro pasado solemne, no vaya a resultar que tenemos más medievalistas que leoneses. Vaya por delante el reconocimiento de mis grandes lagunas en tan apasionante tema. Reconozco la importancia de ciertas etapas, pero soy reacio a aceptar que porque hace siglos alguien hizo esto o lo otro, casi siempre sangriento, ahora unos sean socios preferentes y a otros les toque de pie. Para ser sincero, me resulta más fácil identificarme con reyes y héroes que no existieron, con aquello que nunca ocurrió y sin embargo fue, que con la cronología real del dominio y la daga, quizá porque creo que todo lo que sucede es efímero, salvo el amor, la única forma de verdad perdurable. No conozco en profundidad la genealogía de los monarcas leoneses, pero he leído a Shakespeare, quien algo sabía del efecto del poder sobre la naturaleza humana. Y creo también que las grandes cuestiones estaban ya planteadas en el poema Gilgamesh, rey de Uruk, escrito sobre arcilla, hacia el 2.750 antes de Cristo. Convivamos con nuestra Historia, conozcámosla y aprendamos de ella, pero dejemos en casa la trompeta de la grandilocuencia. Ni victimismos, ni cesarismos. No necesitamos justificar en lo remoto nuestros legítimos anhelos de mejora. Dejemos dormir en sus pétreos sepulcros a los reyes. Hablemos más de nosotros, de nuestra voluntad de ser España, de cómo deseamos contribuir a un mundo mejor. Reivindiquemos nuestra voluntad de presente, desde el presente.