TRIBUNA
Diario de un Camino
Soy un asiduo practicante del Camino de Santiago, especialmente del tramo Villafranca del Bierzo-Santiago de Compostela, y por eso quiero reivindicar lo bueno que tiene -muchísimo-, aunque hay cosas que no veo propias, que se añaden y desfiguran la buena armonía de su conjunto. Parece ser que el cobro en todos los albergues es algo probado -albricias-. Eso será síntoma de cordura, de realidad y de sentido común. Porque hacen falta más albergues, más lugares donde pernoctar a un ritmo módico. No se trata de ir de hostal en hostal o de casa rural en casa rural. Eso también es el camino -Dios me libre-, pero es otra manera de caminar. Pero si un día cobran -3 a 6 euros- se podrá «exigir» o, al menos, habrá cierto control. Quisiera decir, de este último camino, varias cosas: Me parece bien que controlen las caminatas: no es lo mismo 10/20/30 ó 40 kilómetros. Es de ley atender a quienes más caminen. Eso lo hacen en O Cebreiro, lo intentan en Sarriá y... pare usted de contar. No se puede dejar el albergue al arbitrio de los caminantes con el inconveniente del engaño. Esto es, llegas algo tarde, no hay nadie y buscas tu litera. Y si algún listo lo sabe te quedas sin cama. Simplemente porque lo sabe y guarda cama para otros con el mero hecho de colocar un objeto sobre esa litera. Precisamente en Melide estuve a punto de quedarme sin cama porque no había nadie y todos decían que estaban las camas ocupadas. Y era mentira. Hace falta más control. En este sentido hay que alabar esfuerzo de Pedrouzo con la asignación de literas: cada uno tiene un número y así el control es exquisito. No veo bien que a primeros de julio haya grupos de chavales -colonias- que vayan «invadiendo» los albergues. Hay soluciones más satisfactorias: llevar tiendas de campaña o hacerlo en otra época -Semana Santa-. No parece de recibo que grupos de gente joven, con apenas mochilas, con coches de apoyo, «quiten» la cama a muchos peregrinos fatigados y de cierta edad. Los albergues gallegos abren a las 13 horas. Quizá el día que cobren abrirán antes. Sería bueno que abrieran en torno a las 12, ya que una etapa de unos 25 Km. suele llevar de 5 a 6 horas. Cuando mejor se camina es a partir de las primeras luces, es decir, de las 6.30 de la mañana y es costoso a partir de las 11 horas. Hablo, claro está, de los primeros días de julio. Sería bueno abrir algo antes y permitir que los sudorosos o mojados peregrinos reparen sus cuerpos con una ducha y un cambio de ropa. Y no pasemos al lado contrario, no pasemos a lo que se llamó «la lucha por la cama»: peregrinos que iniciaban su camino a las 4,30 de la mañana por esa búsqueda de una cama. Aún queda gente que se levanta excesivamente pronto y hacen parte del recorrido con linternas. ¡Qué pena! Una de las maravillas gallegas es el paisaje y eso se lo pierden en parte. ¿Qué diremos de otros accidentes? Los que pagan taxis para que les lleven las mochilas -los anuncios son cada día más visibles, los que caminan muy poco, los que hacen horas al pie del albergue... Este año he observado que apenas había extranjeros. Tal vez prefieran los meses de mayo o junio. ¿Tendrá que ver esta lucha por la cama? Lo ideal sería caminar sin pensar dónde dormir. Cada uno llega hasta donde le alcancen las fuerzas -siempre un poco menos- y allí se queda. Es cierto que ha crecido la oferta de albergues privados, pero me han contado que, a veces, los servicios dejan bastante que desear, parte del cobro abusivo que te imponen: 40 euros por cenar, dormir y desayunar en un mal pueblo y con deficiencias no deja de ser una estafa. Pero o lo tomas o lo tomas porque no hay más. Los albergues carecen de grandes infraestructuras: dos váteres y dos duchas para 24 personas no parecen mucho. Esto obliga a algunos a tener que madrugas más de la cuenta. He de decir, no obstante que yo no he tenido problemas grandes de espera, tal vez gracias a quienes madrugan tanto o a que la gente sabe dónde está y se coordina naturalmente. Pero convenía añadir algún servicio más. Por todos estos inconvenientes propongo: El cobro en todos los albergues de 3 a 6 euros, para que nadie quede, llegue a la hora que llegue, sin cama. El control de quienes van sin mochila: que vayan a su aire y que pernocten en otros lugares. La no aceptación de grupos: tiendas, parroquias, colegios, etc. El añadido de algunas fuentes más en el camino: hay tramos magníficos, con muchas fuentes y luego vienen kilómetros y kilómetros sin nada. A veces, incluso aparece alguna fuente con este letrero: Agua no controlada. Los del pueblo dicen que la beben, a pesar de todo. Hay que reconocer que el camino ha mejorado los lugares donde dormir y que el camino está plagado de sitios ideales para visitar, comer, pasear, etc. Eso es innegable. Si bien algunos se pasan, la mayoría se comporta, con gente agradable, con un trato exquisito y con un sentido acentuado del camino. A tal respecto habría que destacar O Cebreiro y Triacastela. Allí se vive de una manera especial el peregrinaje. Todo es jolgorio, diversión, alegría, bullicio..., a costa de los peregrinos. Parece una perpetua sonrisa. A todos les interesa encontrar vivo este espíritu. Quizá todas las etapas del camino debieran copar de estos dos emblemáticos lugares. A mí me seducen de una manera capital. Ojalá extienda por todo el camino esta situación, señal propicia de sabiduría y prosperidad. No puedo menos de comentar la penúltima etapa del camino. Melide-Pedrouzo: una serie de peregrinos celebraban la penúltima meta antes de llegar a Santiago. Aquello parecía una boda: en un muro, a la entrada del albergue, pusieron comida y bebida y de pie daban buena cuenta de cuanto allí había. Aquella fiesta estaba abierta y transmitía un ambiente festivo inusitado. Allí quedó plasmado en parte el sello del peregrino: la convivencia, la comunión de ideas a pesar de la dureza del camino. Nadie piense que el camino es una senda de rosas. Ni hablar, hay muchas espinas, mucha dureza, mucho bache... Es un subir y bajar continuos. Es salir y no saber hasta dónde llegar. Los últimos kilómetros se hacen interminables, hagas 20 o 40 kilómetros. Pero llegas, te duchas y comes y te relajas y es otra visión del milagro del camino. Luego, al caer la tarde, en esa espera de la cama, llegan las confidencias o las reflexiones. Si vas solo, igual té juntas con otros en similares condiciones; si vas acompañado, alternas pero te vas. Por eso algunos no en vano dicen que lo mejor es ir solo. Algunos llevan libros de lectura, libretas... Es otra manera de viajar. Tengo varias imágenes: el recogimiento de un extranjero escribiendo en una diminuta libreta y la lectura de un joven español. Seguro que llevaban planificado su viaje y nadie se lo rompió por el camino. También me llama la atención el ligue de un señor mayor con una joven madura. ¿Sería acaso su mujer? Todo puede ocurrir en el camino de Santiago y en el camino de la vida. Todo es cuestión de planteárselo. ¿Será verdad que la soledad se combate con el camino de Santiago? ¿Puede ser ideal el camino para escribir una novela sublime? ¿En el camino puedes encontrar tu media naranja? ¡Quién lo sabe! Sólo te digo hoy y desde aquí que todo es posible. No te lo pierdas. Si eres un caminante normal, tienes etapas de 20/30 Km. y la seguridad de que no estás solo. Nadie te va a rechazar. Es el momento de conocer tus límites físicos y psicológicos y, a la vez, la posibilidad de conocer a gentes de otras regiones o países con los que alternar. No en vano alguno ha sido capaz de estudiar un idioma nuevo para practicarlo durante el camino de Santiago. ¿Por qué no?