Doctor Castro
FIDEL Castro, megalómano incluso en el tramo final de su vida, ha enviado un delicioso comunicado a sus súbditos en el que efectúa su propio diagnóstico: «puedo decir que es una situación estable, pero una evolución real necesita el transcurso del tiempo. Lo más que podría decir es que la situación se mantendrá estable antes de poder dar un veredicto». Y, tras recordar que no conviene dar facilidades al «enemigo», sigue: «debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de Estado que no puede estar divulgándose constantemente y los compatriotas deben comprender eso». En fin, así están las cosas. Lo triste es que este deprimente espectáculo puede prolongarse, fuera de todo control, el tiempo que aún resista el sátrapa en su lecho de muerte.