LA VELETA
España, Europa, Israel
CUANDO se inicia una pelea, la reacción humana más noble es la de separar a los contendientes, pero si esa actitud es muchas veces peligrosa en la calle, por la cantidad de ciudadanos que reciben una puñalada al aproximarse con fines pacificadores a la reyerta, cómo será en Oriente Próximo, donde las hostilidades suelen ser a vida o muerte y con patrocinadores a distancia de una de las partes, si vemos a Hezbolá como una franquicia terrorista de Irán, perfectamente armada y adiestrada para hostigar a Israel desde el sur del Líbano. Lo más caritativo, incluso desde cualquier perspectiva diplomática, es pedir/exigir el inmediato cese de las hostilidades, cuando estas se desatan, especialmente desde que en las guerras modernas mueren muchos más civiles que militares. Pero en los conflictos internacionales, la caridad y la política no van nunca de la mano. En el consejo extraordinario de ministros de Asuntos Exteriores de la UE, celebrado en Bruselas, el ministro español defendió el alto el fuego inmediato de Israel, con la esperanza de que todos sus colegas hablaran con una sola voz, la del cese de la ofensiva israelí, que tantas muertes civiles ha causado. Pero convendría aproximarse a la situación de Israel, aunque sea retirando la mirada de las víctimas inocentes que originan sus bombardeos, para deducir que un alto el fuego inmediato, más que la única solución, es la solución que más complejidad llevaría al futuro más cercano de Oriente Próximo. Porque el alto el fuego, antes de que una fuerza internacional de interposición ocupase una amplia franja de territorio al sur del Líbano y a lo largo de la frontera libano/israelí, facilitaría la súbita recuperación de los daños que haya podido sufrir hasta ahora Hezbolá, atrincherada en sus bunkers antimisiles de cemento y acero, muchos de ellos a poca distancia de Israel, y mantendría a esa organización terrorista, que es una franquicia libanesa de Irán, como el ejército sin apariencia militar, inmerso en la sociedad libanesa, más fuerte de la zona, después del de Irán, y en constante amenaza contra Israel. La fuerza internacional de interposición que llegue al sur del Líbano no podría desalojar a Hezbolá de los bunkers que ahora ocupa cerca de la frontera israelí, pues esas posiciones no se abandonan sin batalla, y unas fuerzas de paz no deben combatir. Esa tarea corresponde al ejército israelí, y así se está viendo desde ayer, cuando el alto militar decidió en Jerusalén que, a pesar de las bajas que la batalla en tierra y cuerpo a cuerpo iba a producir en sus filas, no había más remedio que emprenderla, porque los bunkers de Hezbolá resistían todos los bombardeos. Habrá alto el fuego, faltaría más, pero no antes de que Israel pueda expulsar a Hezbolá de la zona en la que se instalarán las fuerzas de interposición.