Diario de León

TRIBUNA

El estatuto de las ilusiones perdidas

Publicado por
JOSÉ MANUEL DÍEZ ALONSO
León

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Pero, ¿acaso nos habíamos hecho ilusiones con la reforma del Estatuto? Ha sucedido lo de siempre: PP y PSOE preparan a la opinión pública, los periódicos hacen encuestas, publican entrevistas y artículos, y al final todas las expectativas de un reconocimiento político de León se ven defraudadas: las cosas siguen como estaban. O peor. Digo lo de peor por el preámbulo. El leonesismo siempre ha reivindicado el pasado glorioso del Reino de León, y ahora le dan en las narices con similares argumentos. Resulta que la historia del Reino de León justifica la existencia de la comunidad autónoma de Castilla y León. Siguiendo el mal ejemplo del Estatuto catalán y del andaluz, al parecer dos historiadores, Julio Valdeón y Margarita Torres, han contribuido a redactar un preámbulo que legitima el status quo con la existencia diacrónica de los reinos y coronas medievales de León y de Castilla. Desde luego, el giro en la argumentación no deja de ser hábil. La historia puede servir para una cosa y su contraria. Los leonesistas tendrían ahora que dejarse de ensoñaciones medievales y folklorismos, para decir que esta comunidad autónoma nació del pacto entre UCD y PSOE con minoritarios grupos regionalistas vallisoletanos, y que sus más conocidos muñidores f ueron Martín Villa y Peces Barba. ¿Sus motivos?: que hacía falta una autonomía «fuerte» o «extensa» para contrarrestar al independentismo vasco, con dos «autonomías tapón», La Rioja y Cantabria. Una argumentación geopolítica que ahora nos da risa, digna de la época de Bismarck y la Triple Alianza, pero que se utilizó entonces: León debía sacrificarse por la unidad de España. Junto con esa justificación, se utilizaron otros argumentos, aún más lisérgicos, como «la cuenca del Duero». ¿Conocen ustedes autonomías formadas en torno a «la cuenca del Ebro» o «la cuenca del Tajo». Durante la fase preautonómica se publicó una famosísima encuesta de la Diputación Provincial de León: los leoneses apostaban mayoritariamente por León solo o por León, Zamora y Salamanca. Pero, en pocos días, el Consejo Político de UCD votó el cambio de rumbo decretado por el jefe, Martín Villa. Algo similar ocurrió en el PSOE, y entonces los ayuntamientos votaron la integración en Castilla, no sin algunas tensiones y el escándalo de la ciudadanía. El Grupo Autonómico Leonés había divulgado un proyecto de Estatuto de Autonomía para la Región Leonesa. Se hablaba de comarcas y de autogestión. ¿Se asustó el poder? Luego llegó la descomposición de UCD y el sálvese quien pueda, con la vergonzante utilización del leonesismo por parte de Juan Morano. Pocos años después, Ayuntamientos como el de León o la Diputación Provincial pretendieron desdecirse. Ya era tarde. Los diseñadores del Estado autonómico lo hicieron «de arriba abajo», sin contar en absoluto con el pueblo. En algunos territorios saltaron las alarmas. En Andalucía, Almería no votó la «vía rápida» del art. 151 de la Constitución. Pero el poder no convoca referendos para perderlos, y Almería se incluyó en Andalucía, «por motivos de interés nacional». Algo similar sucedió con la provincia de Segovia Para descentralizar el Estado se utilizó el mapa de las regiones históricas del siglo XIX, sólo parcialmente inspiradas en los reinos medievales. Todas esas regiones accedieron a su autonomía. Todas, con una excepción: la Región Leonesa. Algunas, se crearon ex novo, como Madrid, La Rioja y Cantabria. Otras dos, Murcia y Castilla la Nueva, modificaron sus límites. Pero la única que no está presente hoy en el mapa autonómico es León, unida hoy a provincias de Castilla la Vieja, con Valladolid como capital y gran beneficiaria. Ésa es la historia que debe ría reflejar el preámbulo del Estatuto .

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