PANORAMA
Los límites del éxito
EL ALTO el fuego, disfrazado de «cese de hostilidades» según la fórmula de la UE, es inminente en Líbano y así lo cree todo el mundo desde que en la noche del jueves Condoleezza Rice dijera a Larry King en CNN que era urgente y cosa de «días», tras la fusión de hecho entre los borradores de resolución estadounidense y francés. En ese preciso instante empezará la valoración política y estratégica de lo sucedido y una batalla sobre los poderes reales de la fuerza internacional de interposición que, en un segundo movimiento, se creará más tarde. Ya hay en Israel -una sociedad muy dada a la controversia- un debate sobre si el gobierno atinó con la clara instrumentalización que supuso responder a la incursión del Hezbolá el 12 de julio con una respuesta tan contundente acompañada de un imprudente compromiso del primer ministro Olmert, en procura de galones, de obtener por medios militares la destrucción física del Hizbollah, el fin (inherente) del tiro de sus cohetes y la alteración decisiva del statu quo político libanés. Se ha extendido la tesis de que, en realidad, Israel actuó como lo hizo como una longa manus de Washington, que entendió agitar fuertemente el contexto regional para cambiarlo en su favor, es decir para aislar a Siria y debilitar el factor iraní, patrón del Hizbollah, y el todo al servicio del programa, en ruinas tras el fiasco en Irak y el triunfo del Hamas en Palestina Hezbolá es, literalmente, hijo de la desastrosa invasión israelí del Líbano en 1982, sin la cual tal vez ni existiría. Los políticos tienden a equivocar a los uniformados, pero algunos no se dejan y lo saben. A Israel le convendría ponderar la constatación de lord Wellington: «Es un error muy común entre quienes desconocen los asuntos militares creer que el éxito militar no tiene límite». Lo tiene. 1397124194