EN BLANCO
Tetagate
DECÍA ENRIQUE Jardiel Poncela, como auténtico experto en el tema, que los hombres padecemos una grave querencia afectiva justo desde el momento en que despuntamos como unos mamoncillos con chupete y sonajero. La cosa es que nos agarramos al primer pecho de mujer que tenemos a mano y ya no abandonamos la afición hasta la tumba, si bien durante semejante travesía del desierto solemos ir variando de aficiones en cuanto al tamaño, contextura y hasta propietaria. Los escotes femeninos son, en definitiva, acreditadas armas de mujer que en ciertos casos extremos se convierten en artefactos de destrucción sentimental masiva, capaces de hacer hervir y cocinar en su jugo a la parte contraria igual que una cacerola Magefesa. Esta reflexión viene a cuento del escándalo surgido en los puritanos Estados Unidos del emperador George W. Bush, rifirrafe conocido como el Tetagate , debido a la desbocada creatividad del ilustrador que ha decorado la portada de una revista destinada a las madres con la fotografía de un bebé metido en faena, alimentándose del pecho de una matrona que¿ ¿Cómo lo diría sin faltar a la sensibilidad de nuestras lectoras femeninas? De una nodriza, en fin, que parece estar bien cenada. La publicación ha recibido cerca de cinco mil indignadas cartas, protestando por una imagen que a primera vista parece tan inocente como la vida misma, pero que los remitentes consideran ofensiva e indecorosa. La profunda carencia neuronal que distingue a muchos de nuestros socios afincados a la otra orilla del Atlántico no deja de sorprender a los inmorales y pervertidos europeos. No nos salva nadie. Vamos a ir de cabeza al infierno.