LA TORRE VIGÍA
Fuego mediático
TODA GALICIA está convencida de que la marea de fuego que nos asola es la más grande, la más premeditada y la más dañina de la historia de Galicia, y, dado que la convicción no exige pruebas, y que no disponemos de un contraste estadístico largo y fiable, es obvio que así va a pasar a la posteridad, en crónicas y leyendas, hasta, por lo menos, el año que viene. Pero lo más curioso no es que los gravísimos hechos que estamos presenciando y sufriendo estos días se revelen con tanta contundencia, sino que la misma gente que lleva toda su vida sufriendo y apagando incendios, y viendo como la toponimia del fuego se repite cíclicamente, está ahora convencida de que nunca vieron cosa parecida, y de que jamás les cayó una charamela en el plato mientras estaban almorzando a la sombra de la parra. La explicación de esta perspectiva hay que buscarla en el hecho de que estamos ante los primeros incendios mediáticos de Galicia, que, en vez de estar definidos por nuestra experiencia directa, y por las claves interpretativas propias de nuestro entorno, nos llegan digeridos por los medios de comunicación. En vez de estar atendiendo a lo que pasa al lado de nuestras casas, estamos procesando la angustia, el heroísmo y las consecuencias que los medios de comunicación nos trasladan. La radio informaba ayer desde la zona cero , situada en el idílico pueblo de Tenorio. Las televisiones emiten en directo impresionantes llamaradas. El discurso del terrorismo forestal organizado -importado de otras realidades y otras latitudes- circula de forma temeraria y a velocidad de vértigo. Todo el mundo da por sentado que es más lógico que no se haya juzgado a nadie por el 11-S que el hecho de que no se haya encarcelado a nadie por quemar una chousa barrancosa en las orillas del Lérez. La imagen de los desalojos y de los abnegados bomberos profesionales o populares convierte a todo el mundo en un potencial héroe mediático. Y la idea de que todo el monte es orégano, y ¡nos estamos quedando sin orégano!, sirve para calibrar la importancia ecológica de las toxeiras y malezas que constituyen la parte substancial de las 50.000 hectáreas quemadas estos días. Lo malo de esta versión mediática es que se pierde la lógica del discurso socialmente orientado y se entra en otras lógicas, totalmente improvisadas, que pueden desviar la reflexión política y conducirnos -como hasta ahora- a decisiones muy costosas y gravemente equivocadas. Mucho me temo que, lejos de ir hacia las últimas causas, como aconseja la prudencia, estamos empezando a irnos por las ramas. Y esto es malo incluso ahora, cuando la unidad de acción debe primar sobre la exigencia de responsabilidades.