Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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ESPAÑA VA A IMPLICARSE decididamente en el mantenimiento del alto el fuego en el sur de Líbano. Las Naciones Unidas patrocinan y orquestan el inminente despliegue de 15.000 cascos azules destinados a evitar con su presencia sobre el terreno un nuevo enzarzamiento bélico en Oriente Próximo, con el fin de que los países responsables de la estabilidad en la zona, junto a Europa y Estados Unidos, busquen, proyecten o descubran vías de pacificación, si las hubiera, para un espacio del planeta que no ha conocido la paz desde hace tres milenios. Decía ayer el ministro Alonso que pasa de atender el fuego inclemente en Galicia a coadyuvar en la prolongación del alto el fuego al sur del Líbano, que España «está dispuesta a arrimar el hombro» en todo lo que tienda a la paz en Oriente Próximo. Piensan y dicen los portavoces oficiales que la resolución 1.701 de la ONU revalida o bendice la clara postura adoptada por España desde el primer momento de la respuesta del ejército de Israel a las provocaciones de Hezbolá. La petición de un alto el fuego inmediato se ha ido abriendo camino hasta la resolución del Consejo de Seguridad. Tal es la lectura optimista que se hace en medios cercanos a La Moncloa de la actitud del presidente Rodríguez Zapatero, al que amplios sectores internacionales afearon su supuesta inclinación inicial del lado libanés así como la exhibición de un pañuelito palestino anudado a su cuello. Es posible que Rodríguez Zapatero sepa desde hace tiempo que las relaciones de España con Israel pueden sufrir algún crujido, pero nunca deteriorarse seriamente o romperse, entre otras razones porque desde Tel Aviv o Jerusalén, como desde Madrid, la situación internacional, siempre cambiante, se observa con realismo, mientras que la pusilanimidad del mundo árabe o musulmán, que es a veces una pusilanimidad cargada de soberbia, aconseja algunos gestos de aparente afección sentimental que son bien recibidos en las cancillerías de Oriente Medio. López Garrigo encajaba la visita del ministro Moratinos a Damasco, previa escala en Beirut, en el marco de la posición española a favor de un inmediato alto el fuego. Y en juego está esa iniciativa de exquisita ambigüedad, realizable o irrealizable, que es el diálogo de civilizaciones, y a la que Rodríguez Zapatero tendría derecho a reclamar en parte a su copyright . Desde Rajoy a Llamazares, pasando por Durán Lleida, todos los partidos consultados por ZP se muestran favorables al envío de los soldados al sur de Líbano, y el líder de IU llegaba incluso a afirmar ayer que las condiciones de la fuerza militar de interposición -vinculación a la ONU, despliegue de interposición y no de ocupación, con el objetivo de pacificar el conflicto- son condiciones que parecen avanzar y ser coherentes con el diálogo de civilizaciones. Pues a dialogar.

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