EL MIRADOR EN POCAS PALABRAS RAMÓN
La hora de Europa, y de España La ONU, manipulada
TODA PRESENCIA MILITAR en un punto determinado tiene su correspondiente lectura política, aunque se trate de misiones estrictamente humanitarias, y el despliegue de fuerzas de interposición europeas al sur de Líbano va a tener en su lectura política dos vertientes: la internacional, para calcular el peso de la Unión Europea en los asuntos de Oriente Medio, y la interior comunitaria, que hará una nueva estimación de influencias en el seno de los veinticinco países fundidos en una crisis de sus propios planteamientos. Es en cierto modo la hora de Europa o, más bien, de la Europa continental, pues a la apremiante llamada de las Naciones Unidas a Bruselas para que la Unión Europea forme y envíe a la frontera líbano/israelí unas fuerzas de interposición, Gran Bretaña no puede responder, dado su protagonismo en Irak, ni tampoco Estados Unidos, protagonista mayor en ese conflicto, lo que ofrece a Europa la oportunidad y las responsabilidad de representar en Oriente Próximo un papel decididamente pacificador. Se trata de un papel arriesgadísimo dada la emotividad combativa de las partes en tregua circunstancial, Hezbolá e Israel, y esa endiablada situación es la que exige precisamente ahora que Europa demuestre su solvencia internacional, sobre la que últimamente se acumulaban dudas. La invasión de Irak dividió a la Unión Europea en la vieja y la nueva Europa, según la Casa Blanca, siendo la nueva la que se alineó con Estados Unidos, y la vieja, Alemania y Francia, más bien en contra. El eje francoalemán pasaba así a diluirse frente al fulgor pronorteamericana de Blair y Berlusconi, liderando la devoción a Norteamérica de los países del este, tanto tiempo sometidos a la dictadura soviética. Como es lógico, España va a jugar fuerte en esta hora política, en la que ayer se reafirmaba en París el eje francoalemán, con un encuentro de la canciller Merkel y del presidente Chirac, quien ha exigido lógicamente a las Naciones Unidas información minuciosa sobre como a desarrollarse el despliegue de las fuerzas europeas de interposición y, sobre todo, las reglas del posible y hasta probable enfrentamiento con alguna de las partes a las que se procura separar. Y antes del consejo de ministros en La Moncloa, mantuvo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, una reunión con sus ministros de Defensa, José Antonio Alonso, y Asuntos Exteriores para fijar la postura española, que Miguel Ángel Moratinos llevaría a la reunión que los veinticinco cancilleres de la Unión Europea iban a celebrar en Bruselas. Los últimos detalles sobre el volumen del contingente de soldados españoles que se envíe al sur del Líbano dependía, antes de la reunión de Bruselas, de las últimas precisiones que diera Kofi Annan al cónclave de ministros europeos, aunque ya adelantaban fuentes cercanas al palacio de Santa Cruz que España sólo participaría con menos de un batallón si el Gobierno viera excesivos riesgos en la interposición, que en mayor o menor grado van a existir, o que a la misión no acompañasen criterios claros de las Naciones Unidas sobre el modelo de actuación, incluidas las reglas de un enfrentamiento eventual en defensa propia. Se hablaba ayer de que el contingente europeo, comandado al menos hasta febrero por Francia, tendrá tres pilares esenciales, Francia obviamente, España e Italia. Sería posible que España aumentase hasta mil e incluso más los 700 u 800 militares -luego se confirmaría que serúia así- del batallón que pensaba mandar a Líbano, y es que, además de la misión pacificadora de esas fuerzas, estas invitan a una lectura sobre la influencia en el seno de la Unión Europea de los países que más responsablemente colaboren a la imagen de solvencia internacional que la Unión Europea tanto necesita. Misión, pues, en Líbano, y con vistas a Europa, de reojo obviamente. NO ES LA PRIMERA vez que sucede ni será tampoco la última: la ONU está siendo utilizada para consolidar un dudoso statu quo que es resultado de una acción militar. En efecto, Israel ha conseguido expulsar a Hezbollah del sur del Líbano y controlar dificultosamente una franja de seguridad que deje a sus ciudadanos medianamente a salvo de la amenaza terrorista que llega desde el norte, con inspiración iraní y paternidad siria Pues bien: una vez lograda la proeza, con importante gasto en vidas, la ONU, patrocinada por Washington, ha acudido a otorgar legitimidad jurídica a la operación y a proporcionar una fuerza de quince mil hombres que controlen esta delicada frontera, al menos hasta que el gobierno libanés consiga ser dueño de su propio territorio. Con la actual concepción del mundo, poco puede objetarse a semejante manipulación de las instituciones supuestamente establecidas para preservar la paz mundial y mantener enhiestos determinados valores esenciales para el hombre. Sin duda, los españoles hacemos lo políticamente correcto. Pero tampoco hay razones para que nos sintamos orgullosos de ello.