CRÓNICAS BERCIANAS
Pelotas, ladrillos y botillos
HACE DOS SEMANAS me asome a este mismo templete veraniego para pregonar la oportunidad urbanística de que la Deportiva recuperase su patrimonio horadado hace 30 años por las torres de Marpa. Así que no seré yo quien cuestione abiertamente la recalificación que el Ayuntamiento acaba de regalar al club entre San Andrés y Bárcena. Pero tampoco seré tan hipócrita como para no constatar que en la calle, para los más alejados del césped del Toralín, la operación tufa un tanto a pelotazo exprés. Básicamente, porque aunque el alcalde se aferre a la Ley del Suelo para asegurar que cuatro años es el plazo que se estipula para un desarrollo como el que se ha pactado con la Ponferradina, hay quien teme que con ese mismo cortoplazismo el suelo para 200 viviendas, amén de para una ciudad deportiva, se acabe dilapidando, quién sabe si en la jubilación de dos galácticos -que en el fútbol tres millones de euros no son nada- o en manos de algún constructor. De los que confunden meter un gol en plancha con echar planchada, y que tras adquirir la sociedad se preocupe más de cultivar el verde de los adosados que el del estadio. Riesco y su equipo, siendo loable el fondo de la operación, deberían convertirse en albaceas públicos de la herencia urbanística que se entrega a la Deportiva. Por mucho que haya que confiar en la gestión prudente de sus actuales rectores. Y puede ser natural, que no razonable, que ni el alcalde ni nadie ponderen su apoyo al club. El fútbol es una fuente de populismo de la que todos quieren beber. Sobre todo en vísperas electorales. Pero en ocasiones las instituciones, acongojadas, pierden la olla. Tan natural como que el contrincante del popular por la alcaldía no haya ahorrado un segundo para unirse al cortejo. Saavedra también tuvo esta semana su foto con Silvano, que es como la Claudia Schiffer de la ribera del Sil, para anunciar que el Consejo del Bierzo adelantará la promoción de la comarca en aquellas ciudades cuyo equipo -y afición- se disponga a viajar luego al Toralín. La idea es más que buena, pero su presentación sobrepasa la torpeza. Es difícil entender que por dicho «convenio» la Deportiva se embolse 24.000 euros, cuando todo el trabajo lo realiza una caravana de la entidad comarcana que lleva varios años contratada con tal misión; la de promocionar monumentos, rutas turísticas y productos de calidad del Bierzo. Lo que lleva a preguntarse si es que serán Bornes, Rubio o Fran lo que entreguen en persona los botillos desde la «ruló». Debe ser que a Riesco le parece poca la distancia que algunas encuestas que ruedan por las barras de los bares le atribuyen en relación con el portavoz socialista, o que éste último piensa recortarlas a base de populismo balompédico. Menos mal que el balón ya ha empezado a rodar en la Mancha, porque de lo que no cabe duda es que cuando el deporte, y sobre todo el fútbol, se entrevera con la política, algo hiede en la sociedad. Aunque a Silvano, los socios que no ven más allá del fondo del Toralín, deban estar pensando ya en erigirle un busto a lo Lopera.