Batasuna, el proceso y los partidos
UN EXCESO o una brutalidad en el camino del forcejeo que Batasuna mantiene con las instituciones políticas pondría irremisiblemente fin a esta ocasión de oro en busca de la paz. Por lo demás, no parece innecesario repetir una vez más lo obvio: resultaría tan absurdo que la vigente Ley de Partidos fuera reformada para permitir que las formaciones políticas que defienden o justifican el uso de la violencia tuvieran cabida en el sistema de representación que carece de sentido insistir en esta demanda. Y si el entorno etarra persiste en el error, el proceso de paz corre el riesgo de convertirse, por simple presión social, en el último y definitivo episodio de la eliminación policial del terrorismo. Al fin y al cabo, algunos ciudadanos no lo verían con malos ojos.