QUERIDO MUNDO
Exigimos mejores trenes
NO ES CUESTIÓN de ir de acomplejados por la vida -ni lo vamos ni nos favorecería esa actitud de mediocres-, pero es cierto que hay algo lamentablemente desproporcionado entre las generosas inversiones para modernizar el ya de por sí moderno AVE Madrid-Sevilla y el absoluto olvido en que están las inversiones en vías y trenes convencionales, que son los únicos de que disponemos y dispondremos en los próximos años. Es bueno saber que esto constituye una «especial preocupación» para algunos socialistas, pero no basta si ello se queda en una merienda de quejas en la que todos se dan la razón sin producir exigencias reales de que las cosas cambien. El panorama de nuestros servicios ferroviarios, magníficamente descrito en este periódico, es desolador, con el Talgo más viejo de España en nuestras vías y con recorridos que se vuelven interminables a bordo de verdaderos trenes de museo. No es difícil, pues, compartir la inquietud. Incluso es demasiado fácil apuntarse a la reprobación y la crítica por tal estado de cosas, propósito ajeno a estas líneas, porque la política ya se ha ido llenando demasiado de acusadores y cazadores de culpables, en vez de generar buscadores de soluciones. Se trata de describir una y otra vez la situación para establecer una clara conciencia de que las cosas no pueden seguir así. Si Renfe nos ha olvidado, Renfe es culpable. Si Fomento no nos ve, habrá que recordarle que no hay dos Españas (esperemos) y que la solidaridad interterritorial no es una palabra insignificante colocada en la Constitución para quedar bien. Hay que tomar conciencia clara del problema y no transigir con relegamientos u olvidos. Tenemos derecho a considerar sospechosa toda argumentación que defienda el actual estado de cosas, como esa que señala que el AVE absorberá la mayor parte de las inversiones futuras. ¿Qué AVE? ¿El de Sevilla? ¿Los que van hacia el Mediterráneo? Si se así, si se acepta esta falacia, se estará postergando aún más al noroeste. Otra vez. Y no podemos ser cómplices. ¡Que al menos eso no suceda con nuestro consentimiento!