FRONTERIZOS
Quemados
SIEMPRE he desconfiado de los que se declaran «apolíticos», para los que es conveniente llevar a Aristóteles siempre en el bolsillo y recordarles que la naturaleza arrastra instintivamente al hombre a la asociación política. También me he negado a aceptar el lugar común de que en política «todos son iguales», terrible máxima que desarma la democracia y que es una variante de aquella cínica recomendación atribuida al general Franco, quien sugería a sus conocidos «haz como yo, no te metas en política». La complejidad de la sociedad ha hecho más complicada su organización política, que el ciudadano percibe en muchas ocasiones como artificialmente multiplicada en diferentes entidades que parecen crearse más para atender el clientelismo partidista que el servicio a la comunidad. Una situación peligrosa, caldo de cultivo para demagogos con falsas soluciones mágicas. Pero también los propios comportamientos del aparato político provocan en la población serias decepciones sobre sus representantes. Lo sucedido estos días en Ponferrada es un claro ejemplo de ello. Si el PSOE decidió en su momento introducir el procedimiento de primarias para la elección de candidatos como sano método de transparencia democrática, que tan buenos resultados le dio en la propia elección de su secretario general, no es entendible la negativa a celebrarlas de cara a las próximas municipales. Las tensiones provocadas por esta negativa han llevado al secretario local a la dimisión, torpemente aplaudida con tono desabrido por el responsable regional de los socialistas, y ha dejado un rastro de quemados poco conveniente dadas las escasas perspectivas que los sondeos locales ofrecen para el principal partido de la oposición.