«Me duelen mis pueblos...»
Por primera vez en muchos años, la política se convirtió para los españoles de finales de los setenta en el lugar propicio para el encuentro entre la derecha y la izquierda. Fue precisamente en este espacio, escribió García Escudero, donde se resolvieron las viejas y enquistadas cuestiones monárquica, militar y religiosa. Por fin apareció desterrarse de la vida política española el mito de la revolución, así como la fe ciega en la «metamorfosis radical». Todo parecía indicar que la España caminaba por la senda de la normalidad política. Pero hete aquí que, pasados los años, precisamente cuando cumplen setenta del desgarro que fue la Guerra Civil, vuelve a hacerse presente el intento de silenciamiento de una España por la otra, al tiempo que se generaliza la agresividad y la polarización. Ya en 1979 García Escudero advertía de algunos males no conjurados. A saber: la creencia en el carácter mágico de la democracia, la introducción de cuñas divisorias entre los españoles, como la exacerbación de las autonomías, así como el distanciamiento entre la España real y la España oficial. Para evitar el deterioro de la convivencia, advirtió García Escudero, existía y existe un antídoto: el convencimiento de que la división es el mayor de los males O lo que es lo mismo: la convicción de que la unidad es el mayor de los bienes. En la hora presente convendría no olvidar que ese es nuestro peligro máximo. Que otra vez pusiéramos en pie, cara a cara, a las dos Españas, sacando cada una su vida de la esperanza de dar muerte a la otra, sin ver que esa muerte sería la suya también. Como el que gesticula ante su propia imagen reflejada en el espejo, la toma por enemiga y no comprende que, al arremeter violentamente contra ella, es a sí mismo a quien hiere y sólo consigue su propia destrucción. Anatolio Calle Juárez (Navatejera). 1397124194 La Bañeza y la feria agroalimentaria U na fe ria ag roalimentaria más abrió y cerró sus puertas en un fin de semana que atrajo a la ciudad bastantes visitantes, no sé si tantos como veinticinco miles o alguno menos que, sin pensarlo, cayó por aquí al olor de los fogones de la alubiada. La verdad es que gente de visita, había; ahora bien, lo del intercambio comercial habrá que preguntárselo a los empresarios que se aventuraron a sacar el género a la calle, a sabiendas de unas expectativas inciertas; ya se sabe que una feria al aire libre puede ser muy traicionera. Por la parte que me toca y los bañezanos ven sobre el papel, lo del fomento y promoción de los productos locales se quedó en el tintero. Digo esto porque una vez presente en la muestra, y contando por los dedos, se pudo comprobar que la presencia bañezana fue más bien escasa respecto a la de fuera de la ciudad. No digo que esto esté mal; Hay muchos productos de fuera que son tan buenos, mejores o simplemente, distintos. Además, sobre gustos hay opiniones pero no cátedras. Lo que desagrada, incomoda y ya cansa a los bañezanos es que su ayuntamiento gobierne de una forma un tanto peculiar a la hora de poner en marcha alguna actividad en la que participa un buen número de personas. Como me gusta siempre poner ejemplos y si el lector todavía sigue repasando estas líneas, un caso concreto, sin nombres ni apellidos pero con datos suficientes, dará más credibilidad al artículo y dejará entrever qué puede esconderse detrás de este asunto que se repite en La Bañeza siempre que la ocasión y el tema se lo permiten a quienes en sus manos tienen la voz. Nuestro distinguido regidor señaló, en unas declaraciones previas a la romería, que «este año los productos estrella serán la alubia y la patata, que es un producto que casi pasa desapercibido pero hay que tener en cuenta que León es uno de los mayores productores y ésta se da especialmente en la Valduerna y en la vega del Tuerto». Las alubias sí tuvieron representación, merecida y en un puesto de honor. La peor parte la llevó el otro «producto estrella» para el alcalde: la patata. No quiero decir con esto que no estuviera presente el indicado tubérculo; que sí que estuvo, sino que la promoción de lo bañezano se queda fuera del trato si vamos al fondo de la cuestión en el mismo ejemplo de antes. Es triste criticar a un señor que ha sido elegido para trabajar por una ciudad y para unos cuidadanos y empresarios pero esta es la realidad por mucho que pese. Pero la crítica es necesaria y los bañezanos deben saber que el alcalde que cobra su sueldo y el de su secretaria con parte de nuestros impuestos prescinde de nuestras empresas y abre las puertas de par en par a otras de fuera mostrándoles todo su apoyo. La prensa es testigo de las intenciones de este señor que destacó la participación de la única empresa relacionada con el sector de la patata presente en la feria «por el interés que tenemos desde esta feria de promocionar, sobre todo, nuestros productos y los de nuestra comarca», refiriéndose a alguien de fuera de la ciudad, siempre y cuando en La Bañeza hay tres almacenistas que se dedican a la compra, envasado y comercialización de la patata. Empresarios que, el señor Palazuelo no debe de saber que dan trabajo a familias de la ciudad. Para no indagar más en el asunto y escribir cosas que deterioren aún más la imagen de estos señores, una broma sobre el posible motivo de que se desprecie o «ignore» a las empresas bañezanas es que al señor Palazuelo no le gustan los productos de aquí, que es sibarita y prefiere lo que lleva adosado un sello de calidad; y claro está que nuestras patatas, aunque sabrosas, de momento no llevan el título de ilustrísima y, por tanto, se ve que no están a la altura de tan alto cargo. Pedro J. Abajo (La Bañe za) Marta Díez (La Vecilla).