AL TRASLUZ
Crear con libertad
HA DECLARADO la canciller alemana que no es lícita la autocensura por miedo, ante la supresión de la ópera Idomeneo , de Mozart, en la que aparecen las cabezas de Mahoma, Buda y Cristo. La autocensura puede justificarse por muchos motivos, salvo en el pánico a un atentado de terroristas islámicos, pues eso ya no es una supresión voluntaria sino instinto de supervivencia. Las puritanas de finales de los cuarenta se manifestaron delante de los cines donde proyectaban Gilda ; quizá, alguna arañó a la taquillera, pero hasta ahí. Ahora se trata del pavor al fanatismo más violento. Curiosamente, lo irreverente en arte suele nacer ya con la fecha de caducidad muy próxima. Y sin embargo, a veces, hay que descender a los infiernos para ver la luz. En el excelente film Sargento corrupto , un inspector de policía (Harvey Keitel), que ya ha sobrepasados todos los límites de degradación profesional y personal, se redime por la gracia y la ejemplaridad de una monja capaz de perdonar a su agresor. Durante un delirio por drogas, el policía estalla en insultos blasfemos contra Cristo, en una escena que golpea al espectador. Pero la película es la honesta visión de un director estadounidense católico-Ferrara- sobre una caída y su redención, en un mundo brutal. No toda obra religiosa ha de utilizar la estética de Marcelino, pan y vino . Nadie quemó cines. Malos son los puritanismos, aún peores los fanatismos. La autocensura no puede ser producto del miedo, pues entonces es sólo claudicación. Crear en libertad es uno de los grandes logros de nuestra civilización, aunque esto tampoco significa que todo efectismo polémico sea una obra de arte.