Diario de León
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La Asociación para la Defensa de los Animales Adale y Ecologistas en Acción de León, quieren manifestar públicamente su repulsa y total rechazo a la celebración, por primera vez en la ciudad de León, de una corrida o matanza de toros en las fiestas de San Froilán. (Se adjunta escrito dirigido al alcalde y Concejalía de Fiestas y Juventud). De ahora en adelante pediremos que se informe, en cada ejercicio, acerca de la cantidad de dinero público con la que el Ayuntamiento subvenciona (directa o indirectamente) las corridas de toros, que subsisten gracias al dinero de los contribuyentes. El trasvase de dinero de nuestros bolsillos a los bolsillos de los empresarios taurinos -vía políticos de turno-, acabará siendo insostenible por el mero hecho de que a la mayor parte de la ciudadanía (cerca del 80% en León, según la encuesta Gallup) no le interesan los espectáculos taurinos. Confiamos que personas con mejor criterio coordinen las fiestas del próximo San Froilán, de las que esperamos desaparezcan «novedades» retrógradas -como estos festejos de exaltación de la crueldad y la violencia- , que empañan las auténticas tradiciones de León, dignas de ser conservadas. Seguiremos manifestándonos contra las corridas de toros y desarrollando la campaña nacional por su abolición que promueve el Pacma (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal). Desde la independencia que caracteriza a nuestras asociaciones y en general al movimiento ecologista y animalista, en los próximos comicios pediremos que «no se vote» a ninguna fuerza política que mantenga el apoyo institucional a las corridas de toros. Asociación para la Defensa de los Animales (Adale) y Ecologistas en Acción de León (León). Algunos indicadores demográficos han señalado claramente la necesidad urgente de una reflexión en este campo. Aunque las estadísticas de crecimiento de la población son, desde luego, susceptibles de varias interpretaciones, hay un consenso general en el hecho de que se asiste, en ámbito mundial, y especialmente en los países desarrollados, a dos tendencias significativas e interrelacionadas: por un lado el aumento de la esperanza de vida y, por otro, la disminución de las tasas de natalidad. Ante el envejecimiento de sus sociedades, muchas naciones o grupos de naciones acusan la falta de un número suficiente de jóvenes para renovar su población. Esta situación es el resultado de causas tan numerosas como complejas; frecuentemente de carácter económico, social y cultural. Pero sus raíces más profundas pueden considerarse morales y espirituales, y están relacionadas con una preocupante falta de fe, esperanza y, por supuesto, amor. Traer niños al mundo exige que el eros autocentrado se realice en un ágape creativo enraizado en la generosidad y caracterizado por su confianza y esperanza en el futuro. Por su propia naturaleza el amor tiende a la eternidad. Tal vez debido a la falta de amor así, creativo y con la mirada puesta en el porvenir, muchas parejas deciden hoy no casarse, tantos matrimonios fracasan y las tasas de natalidad descienden de manera significativa. Con frecuencia son precisamente los niños y los jóvenes los primeros en sufrir las consecuencias de esta falta de amor y esperanza. A menudo, en vez de sentirse amados y apreciados, se sienten puramente tolerados. En una época turbulenta carecen de una dirección moral por parte del mundo de los adultos, con grave detrimento de su desarrollo intelectual y espiritual. Muchos niños se crían hoy en una sociedad que se ha olvidado de Dios y de la dignidad innata de la persona creada a imagen de Dios. En un mundo determinado por procesos de globalización cada vez más rápidos, se ven con frecuencia expuestos únicamente a visiones materialistas del universo, de la vida y de la realización humana. Padres, educadores y responsables de la comunidad, si quieren ser fieles a su propia vocación, nunca deben renunciar a su deber de plantear a niños y jóvenes la tarea de escoger un proyecto de vida encaminado hacia la felicidad auténtica capaz de distinguir entre verdad y mentira, bien y mal, justicia e injusticia, mundo real y mundo de la realidad virtual. Anatolio Calle Juárez (Navatejera).

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