Diario de León
Publicado por
JOSÉ RAMÓN AMOR PAN
León

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LA LENGUA es pequeña pero capaz de grandes cosas. Debiéramos ser conscientes de lo importante que son las palabras y cuidar la calidad de las que salen de nuestra boca. Creo que somos un poco inconscientes al respecto. No hace falta más que echar un vistazo a los diferentes canales de televisión (la radio no se salva): encontramos un discurso mediático que se hace a coz y flato entre apretones de letrina, con la coartada infame pero firme de las audiencias y del más que manido derecho a informar. Explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de la audiencia da magníficos resultados. Ahora bien, hay tonterías que gustan pero que no resultan baratas en términos de civismo. Existe una hiperinflación de tertulias y tertulianos para destripar con autoridad a quien haga falta. Esto último, lo de la autoridad con la que los tertulianos hablan, no sabe uno muy bien de dónde procede. Pero lo cierto es que la practican, junto con una pésima educación y peor vocabulario; no entremos ya en la sintaxis y morfología, que puede darnos un pasmo. La charlatanería es un rasgo destacado de nuestra cultura. Se vulneran los derechos fundamentales de la persona y se desprecia el valor de una dimensión tan importante como es la vida privada, todo ello acompañado de un lenguaje chillón, grosero, grotesco e impúdico que se utiliza para convertir en espectáculo la vida de «personajes» que, en no pocas ocasiones, se prestan al juego de buena gana a cambio de suculentas contraprestaciones o de popularidad. He destacado lo de personajes porque uno no sale de su asombro al comprobar que la persona objeto de debate es alguien merecedor de atención por haber estado en Gran Hermano. Si es cierto que la televisión ocupa un lugar tan central en nuestras vidas, que somos en buena medida aquello que sale por ella, habría que concluir que somos, fundamentalmente, basura. La palabra que resuena exteriormente es signo de lo que llevamos dentro. A tenor de lo que se escucha, debemos de llevar dentro mucha basura. Sé que el juicio es demoledor. Es necesario recuperar el buen decir y la discreción. Cuidar del buen nombre propio y del de los demás es una actitud moralmente exigible.

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