Diario de León
Ana Gaitero
León

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UNO de los grandes logros del feminismo ha sido situar en la agenda política asuntos que hasta hace poco tiempo se recluían, como a las mujeres, en la esfera privada y doméstica. La violencia de género ha pasado a ser un asunto de Estado y se dan algunos pasos para que la sociedad y con ella los hombres y las mujeres asuman que el cuidado de hijos e hijas o de las personas mayores no es una cualidad femenina sino una responsabilidad a compartir. «Lo personal es político», gritó el feminismo de los años 60-70. Betty Friedan, autora de La mística de la feminidad , que obtuvo el premio Pulitzer en 1964, espoleó a las mujeres para que se libraran de esa «mística femenina» que las obligaba a ser humildes, invisibles, silenciosas y tímidas y se armaran contra la discriminación en una sociedad que las había devuelto a los hogares («confortables campos de concentración») tras la segunda guerra mundial. Murió el pasado 4 de febrero, el día que cumplía 85 años, y dedicó sus últimos esfuerzos a defender la paridad económica, para reclamar una mayor participación de las mujeres en el trabajo remunerado y reconocimiento social, y un cambio de modelo económico en el que empresas y Estado asuman más responsabilidad social y los hombres entren en el reparto de los cuidados y lo doméstico. Hace unos días, una alta ejecutiva francesa, madre de ocho hijos, Clara Gaymard, decía que organizar una familia y gestionar una empresa es algo muy similar. «Sólo tengo que anticiparme, ser organizada y delegar y confiar en mis hijos y en mis compañeros de trabajo», escribió. Ser madre no es incompatible con el trabajo ni el poder, está claro, pero hay que tener recursos económicos (trabajo), sociales (guarderías, servicios de respiro) y humanos (alguien con quien compartir). Las madres solteras y familias monomarentales saben muy bien lo que significa carecer de guarderías con horarios que cubran las diferentes jornadas laborales, no poder acceder a una vivienda ni compartir la crianza. La sociedad las olvida y ellas se hicieron oír esta semana en León. Su valentía también es poder.

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