Diario de León

DESDE LA CORTE

De Juana, ante dos juicios

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FERNANDO ONEGA
León

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PERMITIDME una confesión. Ayer, cuando declaraba el etarra De Juana Chaos, tuve los sentimientos más contradictorios. De rencor, por sus antecedentes. De indignación, por las preguntas del fiscal, tan cortés con un criminal, que por momentos parecía su aliado. De sorpresa, porque un etarra nunca contesta a las preguntas de la acusación, y De Juana respondió, y en castellano. Y de pronto, un sueño: al ver cómo ese hombre, al que tantas veces he llamado «alimaña», aseguraba que su objetivo es dedicarse a escribir, me pareció ver escenificada en sede judicial la renuncia a la violencia de todo el entramado etarra. Cuando esa ensoñación se me vino a la cabeza, mi otro yo me reprendió: no seas ingenuo; ¿qué va a hacer un criminal más que decir que no volverá a matar para conseguir su libertad? ¿Qué va a hacer, más que negar su actual militancia en ETA? Esa es, querido lector, la duda del comentarista. Una duda de raíces profundas. El caso De Juana llega a los tribunales distorsionado por la presión social y nuestros propios juicios previos. Es precisa, por tanto, una disección fría. Aquí estamos ante un criminal abominable, que no queremos ver en la calle. Pero, de forma justa o injusta, ha pagado por sus crímenes. Le salieron baratos, casi gratis, pero ha cumplido las penas de la forma que preveía el Código Penal. Nos duele profundamente, pero es así. Después se le atribuyeron otros delitos, para evitar el escándalo de ponerlo en libertad. Se le acusó de pertenencia a ETA, pero por ese delito ya fue juzgado. Se le acusó de amenazas; pero expertos juristas dudan que los artículos que firmó sean realmente amenazas. En uno escribió: «Sacad vuestras manos de Euskadi (¿) o el futuro terminará demostrando que os quedaréis sin ellas». En el otro da los nombres de varios directores de prisiones que, según él, «torturaron» a presos. ¿Hay que condenarlo por eso a 96 años de cárcel? Es dudoso. Habría que condenarlo por su biografía, pero eso no figura en el Código Penal. Ése es también el fondo de la crisis abierta entre fiscales de la Audiencia Nacional: se enfrentan las interpretaciones dura y suave de la ley. Ha triunfado la suave, lo cual es legítimo. Pero no nos engañemos: aquí hay un juicio del tribunal y un juicio paralelo de opinión pública. El del tribunal se atendrá estrictamente al código. El de la opinión está empujado por la anterior petición de noventa y seis años, que ha sido más que un error: ha sido una incitación provocada por la presión social. Lo triste es que De Juana no tardará en salir en libertad; pero la sociedad española lo ha declarado su enemigo número uno. Y le hará pagar el precio al gobierno, a su presidente, al Fiscal General y al proceso de paz.

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