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FEDERICO ABASCAL
León

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CATALUÑA VA A CELEBRAR unas elecciones sabiendo que nada malo saldrá mañana de las urnas. Lo menos bueno para unos sería que regresara un pujolismo interpretado por el vitalista Artur Mas, mientras que, para otros, lo peor sería la reedición del gobierno tripartito. Hay, eso sí, fórmulas intermedias, pero sólo dos presidents posibles: el convergente Mas y el socialista Montilla. La sosería, y Montilla es soso, no supone desde que Zapatero llegó al poder una insuficiencia especial, sobre todo cuando el adversario exhibe una vivacidad de movimientos, incluidos los gestos faciales, que podría cansar al ciudadano espectador. En cierto sentido, los dos presidenciables verían anularse, por la ley de las compensaciones, sus respectivas exuberancia y cortedad. Y para apoyar a Montilla, candidato del PSC, ayer acudió Zapatero a Cataluña, en el último día de campaña, y en Santa Coloma de Granmanet, cinturón ya de Barcelona, se demostró que el presidente del Gobierno, a quien se le ha llamado sosoman , no sólo despertaba entusiasmos sino que se revelaba como un político de carisma. Y como en campaña electoral se suele producir un contagio de pasiones, la que generó ZP en uno, eso si, de los feudos socialistas, como es Santa Coloma, podría alcanzar a Montilla, muy necesitado de que los votantes al PSC en elecciones generales no se refugien en la abstención, como vienen haciendo en autonómicas. Se ha desarrollad o las campaña catalana correctamente, si se exceptúan unas intimidaciones iniciales al PP, que fueron debidamente afeadas y condenadas. Pero la iniciativa la ha llevado CiU en todo momento, desde que repartió un DVD contra el gobierno tripartito hasta la firma ante notario por Mas de sus promesas electorales, entre las que figura la de no gobernar, salvo en situaciones fugaces, con apoyo del PP. Tal vez no beba Mas del agua popular y la deje correr, pero no debiera haber asegurado que no iba a beberla. Porque no sólo ofrecerían las urnas catalanas la posibilidad de un gobierno pannacionalista de CiU, con apoyo de ERC, sino de un gobierno de CiU en minoría, y al que los escaños del PP podrían salvarle de algunos descalabros. Dada la voluminosa abstención que señalan las encuestas, la izquierda que formó el tripartito difícilmente podría repetirlo, aunque tal vez sucediera, por cualquier impulso emocional, que el PSC obtuviera más votos que CiU. Una victoria del PSC no aliviaría a José Luis Rodríguez Zapatero de la serie de problemas que lo rodean, pues todos los analistas aseguran que La Moncloa preferiría el gobierno formado por una coalición de CiU y PSC que la repetición del tripartito. Ahora bien, posiblemente apostaría antes ZP por el tripartito que por una coalición en la Genealitat de CiU con ERC. Pero Mas de presiden> ofrecería al Gobierno del PSOE un panorama de cómoda estabilidad parlamentaria y, por lo tanto, política. Y un nuevo tripartito reanimaría las acusaciones del PP a Zapatero por aliarse, por medio de su filial catalana, con el independentismo de Carod Rovira. Desde toda España se observa Cataluña como un laboratorio del que no van a salir sorpresas, aunque sí las fórmulas de gestión política que sugieren las previsiones.

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