Diario de León
Publicado por
YASHMINA SAWKI
León

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A PARTIR de ahora cuando piensen en su madre, esa mujer que les ha traído al mundo con dolor, les ha criado y educado con dedicación y esfuerzo, que está siempre dispuesta a ayudarles y abrazarles sin pedir nada a cambio, piensen que sólo es un trozo de carne. Cuando miren a su esposa o compañera, esa mujer con la que han decidido crecer como personas, madurar y envejecer, con la que, quizás, hayan formado una familia, la que trabaja codo con codo con usted para que ésta salga adelante lo mejor posible desengañense sólo están mirando a un trozo de carne. Cuando observen a su hija a la que han visto nacer, la que les ha mantenido noches en vela, la que, al ir descubriendo el mundo les ha hecho disfrutar como nadie, con la que se han peleado para que estudiara, la que les ha sacado de quicio con su ropa o sus amigos pero a la que adoran y de la que se sienten tan orgullosos, no se cansen, sólo están observando un trozo de carne. Debemos agradecer a Taj al Din al Hilali, el religioso musulmán más veterano de Australia, que nos haya aclarado con tanta precisión qué somos la mitad de la población de este planeta al comparar a las mujeres que no nos cubrimos con un velo de pies a cabeza y no nos quedamos encerradas en un rincón de nuestras casas, con un trozo de carne tirado en la calle a disposición de cualquier gato callejero que quiera comernos, o lo que es lo mismo a merced de cualquier hombre que se le antoje agredirnos porque nos lo hemos buscado. Al clérigo, que ha pedido disculpas por la polémica suscitada por este comentario cuando sólo pretendía proteger nuestro «honor» criticando las condenas de 65 años de prisión por violación a mujeres, hay que reconocerle el mérito de «desvelarnos» la verdad que hay detrás del Hijab. El velo no es un precepto religioso ni siquiera una tradición cultural, es simple y llanamente el símbolo público del sometimiento que los fanáticos quieren imponer a las mujeres a las que ni siquiera respetan como personas. Permitir el uso del velo en nuestras sociedades, no es respeto ni tolerancia religiosa, sino simple y llanamente el consentimiento a la discriminación y, por lo tanto, una violación de la ley.

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