Diario de León

DESDE LA CORTE

Paso siguiente, la conspiración

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FERNANDO ÓNEGA
León

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EL BUEN Pedro Solbes tuvo que sentirse ayer el hombre más triste y más impotente de España. El día anterior, jueves, el Congreso había aprobado su reforma fiscal que, aunque pequeña, supone que el Estado dejará de ingresar más de nueve mil millones de euros. Ayer, ningún periódico recogía la noticia en sus portadas. Ni siquiera era la primera noticia en las páginas de economía. Una reforma fiscal, cualquiera que sea su alcance, es la medida de más impacto colectivo que puede hacer un gobierno. En los países normalizados, los impuestos son la primera mercancía electoral. La política fiscal es el primer instrumento para conseguir o perjudicar la igualdad. Gracias a lo aprobado antes de ayer, los españoles pagaremos menos por renta y en el impuesto de sociedades. Sin embargo, el eco informativo ha sido escaso y cicatero. Como si no hubiera ocurrido nada. Parece una anécdota, ¿verdad? Pues no lo es. En su tiempo, Alfonso Guerra llegó a la conclusión de que su gobierno había dejado de gobernar, porque los ciudadanos no sabían lo que hacían sus ministros. Después, Felipe González se quejó amargamente de que su mensaje no llegaba a la sociedad. Pues ahora, con Rodríguez Zapatero, se repite la misma situación: el gobierno hace cosas, pero pocas traspasan la barrera informativa. Cuando gobernaba Aznar, parecía que nos bajaban impuestos todos los días. Ahora, cuando de verdad los bajan, hay una mano oculta que lo tapa a los ojos de la opinión. ¿Dónde está esa mano oculta? Como los lectores quizá recuerden, Felipe González y Guerra llegaron a esbozar la teoría de la conspiración. No sería extraño que Zapatero esté a punto de caer en la misma visión imaginaria de la explicación conspirativa. Si no ha caído ya, es una cuestión de tiempo. Pero no. Todo es mucho más sencillo. Si los gestos de Aznar que afectaban al bolsillo tenían tanta repercusión mediática, es porque eran los temas de actualidad. Aznar enfocaba su política en ese sentido. Sus portavoces encarrilaban la información y el interés ciudadano en esa dirección. De ahí surgió la fuerza del «España va bien». Los equipos de Zapatero no lo saben hacer. Qué ocurre ahora? Que la tensión política domina y oculta todo. Los grandes espacios de la prensa de ayer no se dedicaron al «regalo» de Solbes, sino a las cábalas de la formación del gobierno catalán, a la especulación sobre lo ocurrido en las urnas y a la extraña conversión del PP, que prestó su consenso al Estatuto andaluz. La percepción ciudadana es que eso es lo único que hace nuestro gobierno. Cuando Zapatero quiera reaccionar, se encontrará con una sociedad que piensa que no gobierna, sino que se dedica a crear problemas. ¿O estamos ya en esa situación?

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