NUBES Y CLAROS
Del lado de la vida
SE RESUELVE la guerra de liberación, la batalla contra las fuerzas del mal, la caja de Pandora desatada en Irak, con la condena a muerte del dictador Husein. Ahí se quedan los iraquíes liberados de la represión y abandonados en el terror y la muerte; pero las afrentas a papá George, la desobediencia al régimen del que mamó sus primeros pasos en el armamento de alto standing, serán saldadas. Con la horca, como en el salvaje Oeste. ¿Cómo puede permanecer impasible la comunidad internacional (o reaccionar con mesura imperdonable) ante el anuncio de ejecución de una persona? La pena de muerte campa a sus anchas en infinidad de países, pero hasta ahora no sabíamos que también lo hace por las alianzas internacionales y los organismos supranacionales. Hace años, cuando estalló la primera guerra del Golfo, un compañero me apodaba «la prima de Sadam» porque al final de cada una de las informaciones que llegaban añadía la coletilla: «, según el parte de guerra aliado». Esa era la versión que teníamos de aquel conflicto de fuegos artificiales en el que las fotos recogían cazas y evitaban a los muertos; y los cadáveres del fuego amigo y del enemigo pasaban de extranjis por las bases militares norteamericanas camino de su hogar. Con los pies por delante, pero en secreto. No era ni prima ni simpatizante del dictador. Ni le defendía ni le defiendo. Pero tampoco tengo miedo a gritar lo que pienso por miedo a que algún simple me aplique el «conmigo o contra mi». Si defiendo que a un asesino no se le quite la vida, ni con la ley en la mano, no estoy poniéndome del lado del asesino. Estoy del lado de la vida, que no es lo mismo. También de la de Sadam. Asesino y dictador, no conviene ponerse a su altura.