EN BLANCO
USA y tira
COMO SUELE DECIRSE, la paz es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Y por fin un país harto de la guerra de Irak ha decidido cambiar los maniquíes del escaparate, otorgando grandes cuotas de poder a los demócratas y castigando a golpe de voto los erráticos avatares del presidente Bush, un hombre considerado en gran parte del planeta como desagradable a tiempo completo. Siempre en pie o en posición de estarlo, tan farruco y descerebrado caballerete, cuyo coeficiente de inteligencia comparan desfavorablemente con el de un ladrillo, ha montado en Oriente Medio un tinglado de imposible solución, parecido por muchas razones al avispero de Vietnam que acabó con la inocencia de los americanos en la década de los sesenta. Una telaraña de intereses estratégicos y económicos, disfrazados bajo el manto de cruzada purificadora, que ha puesto al mundo justo en el borde del despeñadero. Y es que mezclar los negocios con el fanatismo suele traer estas cosas. A este pisador de charcos profesional que es el señor Bush, considerado por algunos antropólogos de reconocido prestigio como perfecto ejemplar del homo bellacus, le aguarda un duro final de trayecto político, ya que la realidad se empeña en ir por otro lado. Acostumbrado como está a hablar con Dios prácticamente a diario, según afirma este personaje de mentalidad peterpanesca, tendrá que preguntar al Señor sobre su responsabilidad ante la historia y las consecuencias que trae consigo el mercado de la falsa intriga y la práctica a discreción del capitalismo más desmadrado. Esa estrategia de USA y tira causante de un cataclismo cuyas consecuencias aún no alcanzamos a aventurar.