Enemistades peligrosas
EL ASESINATO de Gemayel, miembro de una de las familias cristianas maronitas libanesas más influyentes del país, ha reavivado la mecha entre partidarios y detractores de la influencia siria. El Gobierno sirio, que acababa de establecer relaciones diplomáticas con Irak en un gesto de buena voluntad positivamente apreciado por la comunidad internacional, se apresuró a condenar el atentado y lo hizo antes que ningún otro país árabe: «Este crimen terrible tiene el objetivo de atentar contra la estabilidad y la paz del pueblo libanés», dijo un portavoz, que destacó «el interés de Siria en la seguridad, la estabilidad y la unidad de Líbano». Es claro que el último atentado dificulta la estabilización de un país escindido por el dilema político religioso que se plasma en la dicotomía de partidarios y enemigos de Siria.