Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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EN LOS DÍAS que precedieron a la cumbre Rusia-Unión Europea, Moscú distribuyó profusamente un artículo del presidente Putin en el que el líder ruso afirmó esto: «Rusia forma parte de la familia europea ( ) aunque no nos planteamos la tarea de unirnos a la Unión Europea». Es como si Putin, en un ambiente difícil por las graves divergencias sobre provisión de energía y el bloqueo polaco a la renovación del acuerdo marco, deseara dejar clara una especie de tercera vía entre el kissingeriano y recordado aserto «Rusia está en Europa, pero no es Europa», a la fórmula transcrita, la de la pertenencia por razones históricas y culturales a la familia europea. Con todo, si es de la familia se podría considerar la eventual entrada en una UE que al fin al cabo reúne muchas tradiciones diversas y tiene en su seno a una potencia nuclear estratégicamente asociada a los Estados Unidos, Gran Bretaña que, además, no asume el euro y hace excepciones permanentes a la gran política común, por ejemplo sobre seguridad y fronteras. Rusia es lo que S. P. Huntington llamó un Estado central de referencia en cierta región del mundo. Y eso no ha cambiado. La posición de Putin es, pues, lógica: no es un precandidato a ingresar en la Unión, pero desea una estable asociación comercial y política con la misma. La herramienta razonable de los acuerdos-marco estratégicos ni siquiera es suya y en los días en que Javier Solana era secretario general de la Otan incluso se negoció un partenariado estratégico que no impidió que la Otan tocara en las fronteras rusas, vía Polonia y el Báltico y con la eventualidad de que suceda lo mismo en Ucrania. Todo esto es lo que hay debajo del dossier formalmente más técnico y económico de Helsinki.

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