EN BLANCO
El hisopazo
LEÓN NO GOZA de buena prensa a nivel nacional. Una serie de acontecimientos desgraciados, malabarismos políticos y casos misteriosos han arrastrado el nombre de nuestra provincia por los peores titulares de primera página. Allá donde la memoria me alcanza, primero fue el Expediente Nevenka, o cómo Ismael perdió la trenca, baldón de ignominia machista que dejó en harapos nuestra credibilidad colectiva, aparte de causar una mezcla de repudio y rechifla en el resto del país. Más tarde, y con motivo de la moción de censura que restituyó a Mario Amilivia en el sillón de la alcaldía, una televisión nacional, creo que Tele 5, emitió un impagable reportaje en el que se veía al ufano corregidor burlándose de su concejal de cultura, a quien apostrofaba con un taconeante y por cierto bastante acertado apodo. «¡Pobre León!», comentó el locutor, «lo que le espera con este hombre». Y ahora, una revista especializada en crímenes y estafas varias dedica un reportaje a la desaparición en Moscas del Páramo del crucifijo de plata parroquial, sustituido con malas artes por una cruz desgalichada que parece comprada en el «Todo a 100». Muchas voces señalan al cura del pueblo como presunto julai responsable de El hisopazo, tocomocho similar al que Robert Redford y Paul Newman planeaban en El golpe. Si a esto sumamos la reprimenda sufrida por los niños del coro en la Catedral, pues al parecer no tienen el mismo estilo que la Caballé, resulta evidente que la cosecha de vino de misa ha salido este año tan farruca como bravía.