Diario de León
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GONZALO PARENTE
León

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DE PRONTO, como si fuese un milagro, toda Europa ha puesto su atención en Turquía. La visita del Papa Benedicto XVI ha representado la gran ocasión y el momento estratégico que han podido aprovechar tres protagonistas de oportunidad. Es como si una fuerza divina se empeñase en poner un rayo de esperanza en medio de tanta confusión y violencia del mundo actual. Coinciden así posibles inicios de entendimiento y diálogo, entre culturas religiones e instituciones sociales y políticas. Me refiero a la Iglesia de Roma a la Unión Europea y a Turquia, cada uno con sus propios intereses, pero en cierta forma convergentes. Benedicto XVI está interesado en que el mundo musulmán, en este caso representado por 80 millones de turcos, acepte su ofrecimiento de afecto fraternal para abrir un diálogo sin mirar atrás. La Unión Europea requiere de Turquía dos condiciones que son difíciles pero no imposibles de cumplir: el reconocimiento de Chipre y la práctica de los derechos humanos. Turquía, ese gran país que es el puente entre Oriente y Occidente, que es también miembro activo de la OTAN y que está empeñado en integrarse en Europa, tiene ahora la gran ocasión para demostrar que puede convivir con los países europeos y que estos encontrarían en ellos una puerta para el progresivo entendimiento con el mundo islámico. El sueño de Ataturk, padre de la Turquía moderna se realizará el día que esta nación se siente en el Parlamento Europeo. La visita del Papa, aunque no se diga, ofrece esa posibilidad por que es buena para todos.

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