Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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DICEN que algunas miradas matan.  Es cierto, sin embargo,  María San Gil podría hoy volver a tirotear con la suya al terrorista Txapote,  acribillarlo de nuevo con sus ojos, y mañana, y pasado, mientras que éste disparó a Gregorio Ordóñez con consecuencias irreversibles. En el duelo visual que mantuvieron en el juzgado, la presidenta del Partido Popular vasco fue más rápida. A veces,  sus declaraciones son demasiado rotundas, pero, pese a ello, la suya es una de las voces más nobles, claras y humanas de la política nacional. Lo he escrito en otras ocasiones: sólo se puede dialogar con ETA para exigir que abandone las armas. Esa conversación nunca podrá producirse entre iguales, pues existe un abismo ético que  diferencia al Gobierno de los terroristas. Pero hay que intentarlo,  sin confundir  nuestros anhelos con la cruda realidad. La viuda de Gregorio Ordóñez ha pedido que en el País Vasco haya una paz con vencedores y vencidos. Así debe ser.  Los méritos están de un lado -el Estado de Derecho-  y las culpas de otro -los terroristas-. No caben juicios salomónicos, ni relativismos diplomáticos. No obstante, hay que hablar y escuchar, aunque sea para espetarles una negativa,  y siempre que no haya atentados, contra personas o contra bienes. Para levantarse de una mesa siempre hay tiempo, y  quizá robar pistolas sea un motivo contundente para hacerlo. Sí, en el tiroteo visual, ganó San Gil. Cargó sus pupilas con la munición del desprecio, que ella no escogió sentir, pues le viene impuesto; sus hermosos ojos hicieron añicos el cristal blindado, en nombre del honor de las víctimas. Lo de Txapote fue mero gatillazo. Hasta para disparar miradas  hay que tener puntería¿ y razón.

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