LA VELETA
El síntoma Zapatero
EN LOS últimos meses, especialmente por parte de muchos comentaristas políticos, arrecian las críticas al estilo de gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero. Estas críticas no sólo proceden de sectores de la derecha, también parten de sectores de la izquierda e, incluso, del interior de su propio partido. Al presidente del Gobierno se le reprocha ser un hombre leve, poco consistente, cambiante, y sin ideología definida. Sus opositores, le acusan de ceder ante los intereses de sectores minoritarios de la sociedad, o frente al terrorismo y los nacionalismos supuestamente insolidarios y desintegradores. Sin embargo estas críticas, aparentemente demoledoras, no es seguro que se correspondan con una devaluación importante de su imagen ante los ciudadanos. ¿Cómo entender esto? Nuestra época es la del hombre sin atributos, parafraseando el título de la extraordinaria e inacabada novela de Robert Musil. Si los grandes principios han caído, y ya no dicen nada a casi nadie, la acción de gobierno no puede sostenerse en ellos. Por eso asistimos al declive del acto político y vemos como la labor de gobierno, en las democracias occidentales, se fundamenta cada vez más en la gestión y armonización de los intereses de los colectivos particulares. Esto es lo que hace que la política de Zapatero resulte exitosa y desconcertante a la vez, sobre todo cuando parece querer dar satisfacción a todo el mundo, incluso a sus máximos detractores. Oponerse a esta política, en base a principios generales y abstractos, lleva al suicidio político. Los políticos que hacen esto son de otro siglo y se dirigen a un sujeto que ya no existe. Sus proclamas catastrofistas, en nombre de ideales caducos, no encuentran eco en el sujeto actual que valora, antes que nada, su particularidad y sólo le pide al gobernante que proteja su derecho al bienestar en su diferencia. En la época en la que ya no se consumen grandes ideas, Zapatero puede haber hecho, consciente o inconscientemente, la interpretación justa. No tiene un relato basado en una ideología totalizadora lo que le permite, como al sujeto actual, privilegiar las actuaciones frente a las ideas y hacer una política basada en las contingencias. De este modo, contribuye a redefinir la categoría de ciudadano en base al derecho a la felicidad privada como objeto de protección pública. Tal vez el éxito de Rodríguez Zapatero se mide cuando a la boda de un concejal homosexual del PP acuden cargos muy representativos de su partido. Del mismo partido que se opuso a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Sirva de ejemplo de como la inconsistencia puede cambiar el mundo.