DESDE LA CORTE
Un miedo egoísta e irracional
PERO, ¿CÓMO se puede estar en contra de una asignatura llamada Educación para la Ciudadanía? Se podría criticar su contenido, si se conociera. Se podría estar en contra del adoctrinamiento político partidista, si lo contuviera. Pero oponerse a su simple existencia, a su puro enunciado, sólo puede responder a un miedo irracional a que los maestros les cuenten a nuestros hijos la verdad de la vida. Digo eso porque, bien mirado, educar para el ejercicio de la ciudadanía es el objetivo básico de la enseñanza. Si no se educa para eso, ¿para qué se educa? Si de mí dependiera, no sólo habría obligatoria esa asignatura para los estudiantes, sino para sus padres. Habría que hacer exámenes de repesca en ciudadanía, igual que se hacen para recuperar los puntos del carné de conducir. Los recelos que han mostrado, por ejemplo, los obispos se basan en el temor a que esa asignatura sea lo contrario a clases de religión: un brazo ejecutor de la invasión del laicismo que denunció la Conferencia Episcopal. Sospechan que por esa vía se «colarán» herejías sobre el matrimonio, la familia o el valor de las religiones. Los recelos del Partido Popular tienen base política: Ana Pastor habló de «adoctrinamiento», como si la asignatura fuese a ser utilizada para hacer de los colegios viveros de futuros votos socialistas o atacar los fundamentos del pensamiento humanista. Por eso reaccionan y, al tiempo que muestran su oposición, presentan una alternativa de contenidos que abarca desde la responsabilidad y la libertad hasta la globalización como motor del desarrollo. Pero el PP es más positivo que los obispos: en la medida en que presentan un índice alternativo de contenidos, están aceptando la asignatura. Cuando lleguen al poder, seguro que la mantendrán. Conclusiones de esta exposición: 1) La asignatura es necesaria. Sólo es lamentable que haya tardado tanto en llegar. 2) Basta un vistazo al incivismo de las aulas, con sus episodios de violencia, degradación de conductas y pérdida de autoridad del maestro para reclamar urgencia. 3) Para que sea una asignatura respetada, tiene que estar dotada de contenidos solventes, y asumir y defender valores de general aceptación, que no sirvan para el enfrentamiento. 4) Debe ser impartida por profesores bien seleccionados, no dogmáticos y de criterios morales asentados que, por el momento, no se han visto. Y 5) Si el ministerio quiere que terminen las resistencias, debe apresurarse a difundir su contenido. Por eso termino reclamando: hágame caso, ministra de Educación. A quien se lo ha mostrado, como a la Federación de Religiosos de la Enseñanza, lo ha convencido. Si se oculta, el pueblo siempre reacciona con suspicacia: «Por algo será».