TRIBUNA
El empleo como forma de inserción de los discapacitados
DADO que uno de los peligros que aparecen a la hora de acercarse a la discapacidad es que en gran medida se hace «invisible» para quien no está en contacto con ella en sus distintas manifestaciones, es conveniente iniciar estas líneas con unas cifras que nos den idea de la magnitud del problema y de la necesidad de actuar con firmeza y rigor. Los primeros datos que nos pueden servir para situar el asunto de la discapacidad pueden ser los siguientes: alrededor de 500 millones de personas en el mundo padece alguna discapacidad y de éstos 350 millones viven en regiones donde no se cuenta con ningún tipo de servicio de apoyo para esta categoría de personas tan vulnerables. En España 3,5 millones tienen algún tipo de discapacidad (9% de la población) que sí cuentan con ciertos apoyos, pero que sufren las mayores dificultades para acceder al empleo ( su tasa de actividad es la mitad que la media y su tasa de paro es el doble). Todos estamos convencidos de que el empleo constituye un medio privilegiado para promover la integración social de estas personas y también para ayudar a combatir la exclusión social y la pobreza. Sin embargo, desde siempre las dificultades son enormes y en la actualidad conviven tendencias contradictorias a la hora de conseguir la adaptación profesional de las personas con discapacidad. Los avances tecnológicos, que a la vez de que facilitan el acceso al trabajo, también pueden constituir una amenaza, en virtud de la escasa calificación de gran número de las personas con alguna discapacidad o de la escasez de puestos de trabajo adaptados a estas personas. Otra cuestión que puede afectar al colectivo es la mundialización-globalización, que puede proporcionar oportunidades para quienes tienen calificaciones muy especializadas pero también encierra una amenaza por la competencia que trae a un mercado de trabajo poco proclive a integrar a las personas discapacitadas. Desde esta perspectiva, el empleo como la mejor y casi única forma de integración de las personas con discapacidad, CC.OO. ha tomado conciencia de la urgencia en la toma de medidas, pues los pasos que demos en este sector y hasta dónde seamos capaces de cambiar las cosas, constituye también, además del cumplimiento de una responsabilidad irrenunciable, una buena forma de medir nuestra propia credibilidad. Esta causa que entronca directamente con la justicia social está en el centro de las preocupaciones de nuestro sindicato con un papel singular como fuerza social activa. Debemos actuar sin descanso para integrar a las personas discapacitadas en la sociedad, por medio de su integración en la vida laboral. Lo dicho anteriormente cambia la idea que con frecuencia se tiene de nuestro papel, como sindicato, en el mundo de la discapacidad y que no es complementar o apoyar a las numerosas agrupaciones de apoyo, tanto seculares como religiosas, que desde hace mucho tiempo se preocupan de mejorar la vida de las personas con discapacidad ;ya que estamos en los foros donde se debaten y deciden asuntos trascendentales para el colectivo y contamos no sólo con instrumentos de reflexión sino también de acción. Si nos centramos en lo más concreto e inmediato, CC.OO. defiende el cumplimiento de la cuota de reserva del 2% como instrumento para la plena integración de las personas con discapacidad en condiciones de igualdad de trato en el empleo que ofrecen las empresas consideradas normalizadas para el conjunto de la personas trabajadoras. Y por ello, en todas las plataformas negociadoras de los convenios colectivos estamos promoviendo la inclusión de una referencia explícita a la obligación que tienen las empresas ordinarias de cumplir con la cuota de reserva del 2% para las personas con discapacidad, así como la reserva de hasta el 5% en diferentes Administraciones Públicas. Ahora bien, esto que se firma y que los actores sociales se obligan a hacer cumplir depende, en gran medida también, del nivel de organización colectiva de las personas discapacitadas, de su capacidad para movilizar a la opinión pública en beneficio de su causa, lo que determinará la calidad y el alcance de los progresos que se logren. Esta plena participación requiere un papel activo, junto con el resto de trabajadores, en los ámbitos de representación colectiva en los que se asegura todo esto. Por ello, desde CC.OO. queremos animar a todos los trabajadores y trabajadoras a que se afilien a los sindicatos que defienden los derechos laborales del conjunto de trabajadores. Esta participación activa debe complementarse presentándose como candidatos y votando en el proceso de elecciones sindicales que se está desarrollando en la actualidad. Porque en definitiva no se trata de acceder al trabajo sin más, sino de una forma plena, eficaz y participativa. Para terminar, queremos volver sobre algo que ya anunciábamos al principio y es la necesidad de prestar atención permanente a la formación, elemento fundamental para asegurar el empleo. El trabajo en general y sobre todo en el sector de la discapacidad, se orienta cada vez más a la terciarización; en el sector secundario, las dificultades son mayores y la actividad industrial no termina de cuajar, lo que obliga a una adaptación también permanente, que debe ser adquirida fundamentalmente con la formación. Estos trabajadores necesitan de los servicios de adaptación y readaptación profesional para conseguir su integración social y laboral en condiciones de igualdad con los demás miembros de la sociedad. Necesidad de un enfoque integrado de la adaptación profesional de estas personas, que fundamentalmente debe diseñar y tutelar el conjunto de profesionales del sector. En el último convenio colectivo se han dado pasos importantes en esta dirección, pues se ha elaborado una nueva clasificación profesional que pretende obtener una más razonable estructura productiva sin merma de la dignidad, oportunidad de promoción y justa retribución que corresponde a cada trabajador.