EL BALCÓN DEL PUEBLO
Esquizofrenia política
PROMETO solemnemente que nada de lo voceado hoy desde este balcón puede ser catalogado como una inocentada. Y era el día, va. Sólo en una ocasión, allá por los primeros años de la década del 80, suscribí una golfada para júbilo de inocentes. Entonces existían. Ahora ya no quedan. He repetido hasta la saciedad que el más tonto conoce hasta las siglas del BOE. Por mucho que se desgañiten los muñidores mediáticos y políticos, el resultado final estará siempre en mano de los ciudadanos. Y los ciudadanos se tronchaban ayer con una noticia que ha sido real, no una inocentada para hoy, 28 de diciembre, día mágico para derribar monumentos, elevar a la cima a mediocres, cambiar el signo de la historia, yo qué sé. Un auténtico enredo. Un enredo menos sonoro a nivel local que el del Ayuntamiento y la Cultural, pero con más proyección mediática. Lo del Ayuntamiento de León y la Cultural no hay por dónde cogerlo. Ni a los responsables del consistorio, ni a la directiva. Sonroja por lo absurdo y decadente. Y el que ha apadrinado la Comunidad de Madrid a cuenta de que un médico del Hospital Gregorio Marañón fuera requerido para una segunda opinión sobre la enfermedad de Fidel Castro, ha sido de campeonato. El tema es así de simple: médicos cubanos conocían y tenían confianza profesional en el doctor José Luis García Sabrido. El médico pidió los permisos oportunos a sus superiores y viajó y volvió de La Habana prácticamente en 24 horas. Mientras eso ocurría, el consejero de Sanidad, Lamela, tristemente famoso, aprovechó la circunstancia para colgarle la medalla a su departamento y a la sanidad madrileña. No se refirió a la sanidad española, sino a la madrileña. Pero como en el PP viven en una situación de auténtica esquizofrenia política, al día siguiente, festividad de San Esteban, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, se vio en la obligación de representar al sector de la extrema derecha y lamentar la ayuda médica a un dictador. Logró dos objetivos: dejó fuera de juego a su consejero y, sobre todo, volvió a sembrar dudas sobre su autoproclamado liberalismo. Incluso en la asistencia médica, Esperanza Aguirre exige examinar la ideología del paciente. Mariano Rajoy, por su parte, no quiso entrar en el enredo. Procuró salir como siempre: a la gallega y por peteneras, en esta ocasión con la bendición venerable de Manuel Fraga. No entró al falso debate artificial, completamente inventado. Sólo ha servido para hacer famoso a un doctor hasta ahora desconocido. Al menos, para mi. También supe en los primeros años de la democracia de la existencia del doctor Trueta, y lo glorificaba medio mundo. Con mi ignorancia médica al margen: al asunto también ha servido para confirmar lo que decía el gobierno cubano: el Comandante no tiene cáncer, y para volver a evidenciar la capacidad que tienen los dirigentes del Partido Popular para politizarlo todo. Incluso un diagnóstico médico. Y es que no sólo son capaces de politizarlo todo a favor o en contra. Lo que resulta prodigioso es que lo hagan también cuando los españoles no tienen nada en juego y lo único seguro es el prestigio de los profesionales de la sanidad.