EN DERREDOR
Surrealistas y vanidosos
A RUBALCABA hay que seguirlo, como a algunos autores, por su obra completa. Ha centrado el tema y atribuido a un político vanidoso la filtración de la noticia relativa a la primera reunión del Gobierno y ETA. La misma entrevista de la que la víspera no había dicho si existió o fue pura invención de los periodistas. . Más evidente que el hecho mismo de la reunión es que el ministro del Interior de Rodríguez Zapatero no es un político vulgar ni torpe. Si se ha merecido el calificativo de convocante de una rueda de prensa surrealista, me temo que en el fondo no había otra cosa que la puesta en escena de un criterio firme: ustedes pregunten, que nosotros no diremos nada que afecte a la esencia de la negociación, o que sea algo que nos convenga. No ha sido un error, sino un paso meditado. En el fondo está el eterno tema del papel de los medios de comunicación en cuestiones de entidad, como ésta de atajar la violencia. Ni el más sacrosanto derecho a la libertad de expresión puede invocarse como argumento para que las negociaciones entre un Gobierno legítimo y una banda terrorista se retransmitan por la televisión, como algunas sesiones parlamentarias. Pero Rubalcaba sabe mejor que nadie que el riesgo no está únicamente en los periodistas insaciables, ávidos de contar aquello a lo que otros colegas no tienen acceso. El problema radica también en los políticos, vanidosos o no, pero en todo caso indiscretos. Ninguna conversación corre tanto por las redacciones como la mantenida en el seno de una comisión parlamentaria sometida a secreto. No me sorprendería que, conocedor de estos hechos, Rubalcaba hurtara incluso a los grupos parlamentarios informaciones decisivas, si no quiere verlas repetidas en los medios.