Otra de salvajes
LA DESCABELLADA guerra de Irak no podía tener otro colofón más acorde con su aberrante planteamiento y con su desarrollo sanguinario: el ajusticiamiento de Sadam Husein resumirá en una sola acción la brutalidad de los contendientes occidentales y la abominación de una satrapía ejercida por el antiguo dictador con más saña de la que cabe imaginar. El mensaje que el ahorcamiento de Sadam Husein, que ya parece inevitable, lanzará al mundo es elocuente: Washington y Londres son incapaces de ganar la guerra de Irak pero al menos se irán de allí con las manos manchadas con la sangre de su enemigo. Ya se sabe que en Estados Unidos goza de buena salud la pena de muerte, pero Blair tendrá muchos problemas para explicar esta aberración a sus compatriotas.