Diario de León
Eduardo Aguirre
León

Creado:

Actualizado:

LA SOLEDAD del mando debe de ser algo muy parecido a lo que sintió Rodríguez Zapatero tras ser informado del atentado de ETA. Un dolor íntimo e inconsolable, aunque lo compartiera con su equipo y con sus allegados  más íntimos. En su intervención pública el presidente del Gobierno fue sobrio y claro, donde le  hubiera resultado muy fácil ser teatral. Obviamente, no tenía que disculparse de nada, pues otros han sido quienes se han equivocado. Desde esta columna he respaldado un  diálogo que no supusiera claudicación ni  entrega, y  así se ha estado haciendo, aunque es innegable que se venían dando situaciones paradójicas en la aplicación o  no de las leyes. También hemos insistido en la excesiva descompensación ética entre ambas partes.  Es difícil negociar cuando la razón está únicamente de un lado, pero en ello ha radicado la grandeza de este reto, que había que intentar, aun sabiendo que los terroristas no se rigen por  valores universalmente aceptados. Para el Gobierno es el momento de  demostrar su mayor eficacia. Algunos confunden sus propias machadas justicieras  desde un micrófono con la toma de decisiones en cargos de responsabilidad, pero no se gobierna desde una tertulia radiofónica. Como ciudadano español y demócrata, estoy orgulloso de este intento, desgraciadamente fallido, que nos ha honrado como sociedad, a la vez que ha puesto en su lugar, de nuevo, a los monstruos.  Debemos solidarizarnos con las víctimas, pero también con  quienes han estado trabajando intensamente,  y bajo estresante discreción, por la  paz. También con los concejales  populares y socialistas vascos, de nuevo en potencial peligro. Linchar a Zapatero es  darle satisfacciones a los terroristas.  ETA ha perdido su gran  oportunidad. España sigue donde estaba.

tracking