Diario de León

RINCÓN ABIERTO

Solbes y la proporcionalidad

Publicado por
MANUEL LUIS CASALDERREY
León

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A MEDIADOS del pasado mes de diciembre, Pedro Solbes, ministro de Economía y Vicepresidente económico del Gobierno, se mostraba partidario de establecer una serie de incentivos con el fin de retrasar la edad de jubilación. Así, pretende llevar a la práctica una vinculación más estrecha entre el periodo cotizado y la prestación percibida, de forma que se pague una pensión más alta a quién más años trabaje y mayor contribución haya realizado. Se busca alcanzar una «proporcionalidad pura» que llevará a que cobre más quién más ha contribuido. Reconoce que el camino será largo, porque es necesario poner de acuerdo a todos los interlocutores sociales, pero su planteamiento ya es algo muy positivo. Estoy completamente de acuerdo. Para poner en marcha el principio de la proporcionalidad pura es necesario eliminar el límite máximo en la percepción de las pensiones públicas, solas o en concurrencia con otras, que cada año se establece. Es injusta la existencia de este techo, que priva a trabajadores de la justa pensión que le corresponde de acuerdo con sus contribuciones. Sin embargo, me parece una buena medida que se rompa la proporcionalidad pura por abajo y se sigan manteniendo las pensiones no contributivas, porque el Estado tiene que velar por el bienestar de todos los ciudadanos, incluidos los que no han cotizado. Además, el hecho de que no hayan contribuido, no quiere decir que no hayan trabajado, como es el caso de las amas de casa con un vida llena de atenciones a los demás. EN EL umbral del nuevo año es importante tomar conciencia de lo que ocurre en nuestro mundo en evolución continua hacia un nuevo orden internacional, social, económico y político. De estos tres grupos de cambios emergentes que afloran a la realidad a través de las noticias cotidianas que nos traen los medios de comunicación, posiblemente el más preocupante, por ser el que menos se entiende y valora, es el cambio social causante de conflictos que a menudo dejan perplejos a los gobernantes políticos encargados de resolverlos. Podemos tomar como muestras palpables de esta situación, condicionada por cambios emergentes, las reclamaciones sociales derivadas de sectores de la sociedad que no están contentos de su situación, y protestan y actúan, unas veces con violencia y otras, con movilizaciones. Tales son los casos de las protestas juveniles en Francia, con la quema de coches. Pero también la masiva invasión de cayucos cargados de africanos que manifiestan de esta forma su derecho a una vida mejor. Otro caso de cambio emergente es la atención social hacia los temas de las religiones que diversos grupos manifiestan para defenderlas o atacarlas. Ya en el siglo pasado, André Malraux había dicho que «el siglo XXI será el siglo de las religiones». En el tiempo en que vivimos, los hechos sociales merecen ser tenidos en cuenta porque ocurren con gran rapidez, y los políticos deberían actuar también con la misma velocidad, variando las leyes y normas legales para adaptarse a las situaciones que continuamente se producen en el ámbito social. Así, se entendería mejor que este mundo en que vivimos evoluciona continuamente; nunca mejor para reflexionar que el cambio del año.

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