EN BLANCO
Hartitos
HARTITOS nos tienen estos políticos que mantienen el país, desde hace meses y hasta años, en un estado de excepción estúpida. Tan justitos de palabra como de cerebro, cada día resulta más evidente que para ser político no hace falta estudiar y ahí siguen, ofuscados y embellecados, mordiendo la mano de quien les alimenta, nosotros los contribuyentes, y haciendo dejación vergonzante de la primera y absoluta de sus obligaciones: lograr que las cosas funcionen dentro de un marco de tolerancia mutua. El atentado de Barajas que crucificó toda esperanza era una de esas situaciones en las que se pone a prueba el temple colectivo, pero aquí sólo ha servido para atizar el síndrome de rabiosa perrería hasta límites intolerables. Lo menos que se puede decir del presidente Zapatero, a quien los etarras han dejado en un ridículo espantoso, es que se pasó de frenada optimista y durante todo el llamado «proceso de paz», ¡vaya nombrecito!, mantuvo una falta de discreción y de previsión que sin duda pasarán factura al hombre que prometió no defraudar. Ahí entra en escena Marianico, Macho man, a quien le precedía fama de cabeza privilegiada. Supongo que será por el tamaño, pues sus actuaciones en la tribuna de oradores con la mirada extraviada como Rocky después de cinco asaltos, desbarrando sobre los vendepatrias socialistas, producen vergüenza ajena. Y cierra el trío el señor Otegui, taimado malandrín que tiene aspecto de camarero de vodevil al que la señora ordena: «Arnaldo, sirva el caldo». En cuanto a los etarras; pues eso, que les den por el zulo.