Diario de León
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ASSUMPTA ROURA
León

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HACE años que se viene repitiendo que los jóvenes acceden a la universidad a pesar de que escriban con faltas de ortografía. Además de que esto siga siendo así, un estudio de Caixa Cataluña presentado esta semana informa del aumento considerable de alumnos españoles que dejan sus estudios tan pronto cumplen con la escolarización obligatoria. Dentro de esta deserción general, Cataluña ocupa el segundo puesto (Andalucía el primero), lo cual es un indicio de que la Cataluña culta de antaño, con su clase dirigente burguesa invirtiendo en un Palacio del Liceo es historia. Hay miles de jóvenes con carreras universitarias trabajando de camareros de modo que las nuevas hornadas son más astutas y piensan que para el mismo viaje es bueno ahorrarse unas alforjas por tituladas que estén. Por otra parte, llega casi al millón el número de inmigrantes censados por estos pagos, sin contar el número de ilegales que actúan en economías sumergidas, entre ellos muchos jóvenes que llegaron para trabajar y no para filosofar. Son gente a las que les cuesta poco encontrar un empleo siempre que acepten salarios miserables en la construcción, cuidando ancianos o trabajando de camareros. La economía va bien porque hay mano de obra barata y temporal que la empuja hacia arriba. En cierta manera, tener un trabajo hoy, cualquier trabajo, es una forma de triunfo y por tanto de prestigio dentro de los múltiples guetos que tratan de convivir en nuestras ciudades grandes y no tan grandes. En cambio, el titulado universitario, salvo excepciones, viene a ser el perdedor en un sistema que premia los doctorados en picaresca. Por ello, no debería extrañar a nadie que se quieran cerrar buena parte de las disciplinas universitarias, sobre todo las que tengan que ver con las humanidades. No hacen faltas pensadores, faltan embaucadores para conducir los deseos compulsivos de los consumidores en potencia o consolidados. Puede que algunos se quejen de esta situación porque esté en juego su actual puesto de trabajo y lo más probable es que el mismo sistema les acalle con una indemnización como recompensa. La Cultura (en mayúsculas) es lo que diseña un arquitecto estrella por encargo del gobierno de turno y a la medida de la misoginia del gobernante mayor. En Barcelona y en España sobran ejemplos. No digamos en Francia, con su Centro Pompidou o la obra grandiosa que Mitterrand se hizo levantar a sí mismo, ejemplos que nos evitan tener que ir hasta las pirámides de Egipto aunque es cierto que entonces no existía la cultura de masas. Otros pocos ilusorios que tiempo ha creyeron en los beneficios públicos de un pensamiento elaborado y ordenado, lo tienen peor. A estos les presto el comedor de mi casa ya que puestos a morir siempre resulta mucho mejor hacerlo acompañados.

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