PANORAMA
China dispara bien alto
LA NOTICIA, en principio, parecía inocua : China ha enviado un proyectil a destruir en el espacio un satélite propio de los que mide el tiempo. El zumbido del impacto, sin embargo, se ha oído simbolicamente en bastantes puntos de nuestro planeta. «Colisón cósmica» titula el Los Angeles Times . Hacía 21 años que Rusia y Estados Unidos, los únicos que podían hacerlo, no destruían un satélite en el espacio. China lo realiza legal pero intempestivamente ahora y pone rotundamente de manifiesto que tiene la capacidad para destruir los suyos y los de cualquier otro país. La conclusión, que extrae el Financial Times, es que China «empieza un nuevo asalto de la Guerra de las galaxias» China es el nuevo gran actor de la escena internacional. Económicamente es, sin duda, imparable. El último año tuvo el enésimo crecimiento del 10% y dentro ya de dos o tres rebasará a Alemania convirtiéndose en la tercera potencia económica mundial. Poco más tarde le tocará a Japón quedarse atrás. Por si esto, unido a su enorme territorio y a su ingente población, no le diera bastante músculo su pujanza militar empieza a preocupar a más de un país. El enorme volumen de sus exportaciones le permite rearmarse concienzudamente, dedica un porcentaje declarado importante de su producción a hacerlo y se cree que hay sustanciosas cifras no confesadas encaminadas a lo mismo. Inquieta, en consecuencia, a Japón, Estados Unidos etc... Todo ello le permite tomarse ahora con parsimonia las posibles admoniciones de Estados Unidos en el tema de derechos humanos siente fuerte y ante la trayectoria reciente de Washington puede insinuarle: «¿Estás tu libre de pecado?». La destrucción china de su satélite, por la primicia, crea un inevitable remolino. Hay de entrada un problema medioambiental. Sus fragmentos se convierten en una basura amenazante qu e puede dañar irreparablemente a otros satélites de esa órbita. Sería preciso, en consecuencia, que las grandes potencias estudiaran la desmilitarización de la atmósfera para impedir la proliferación de estos actos. Pekin, además, da un sonoro aviso estratégico. 53% de los 845 satélites que hay en el espacio son de Estados Unidos y Washington tiene considerable dependencia en ellos para vigilar lo que ocurre en el mundo. Son un elemento importante de su seguridad. Ahora, en buena medida, están al alcance de un missil chino. No es raro que B. Stephens en el Wall Street Journal diga que la noticia es un «regalo raro y útil» porque pone en evidencia a «los palomos» de Estados Unidos que no concedian importancia a la defensa militar del espacio. La alarma es mayor aún en Formosa, la floreciente isla de gobierno reconocido por pocos países, reclamada por China y que tiene en Estados Unidos la mejor garantía de que no será engullida por Pekín. El Taipei Times de su capital comenta que los militares chinos «estan tomándole el pelo al Pentágono, el missil del otro día puede ser un aviso para Formosa pero es asimismo una amenaza patente a todo el sistema de comunicaciones de Estados Unid os». China, efectivamente, se hizo grande.