DESDE LA CORTE
El nuevo muñeco de la feria
JUAN FERNANDO López Aguilar terminó ayer su mandato como ministro de Justicia. Se marcha a su tierra canaria con una ambición: conquistar un nuevo territorio para la corona del Partido Socialista. Es, si me lo permiten, un candidato a palos: jamás pidió ese destino, le vino impuesto por Zapatero y ha tardado meses en decir que sí. Pero se impuso la disciplina, y allá se marcha, a luchar contra un partido clientelar, incrustado en los entresijos sociales, y conectado a todos los intereses, como es Coalición Canaria. Un difícil aventura. No es extraño que se haya resistido. López Aguilar ha sido un buen ministro. Lo que ignoro es si ha sido un buen ministro de Justicia. Hago esa distinción, porque ha sido el hombre clave para las reformas legales de este gobierno, desde la más necesaria (la ley de violencia de género) a la más escandalosa, que ha sido la de matrimonios homosexuales. Sin embargo, deja un panorama de la Justicia embarullado, con un Poder Judicial en pésima relación con el Ejecutivo. En descargo del ministro hay que decir que la mayoría de los jueces piensan como piensan: en clave conservadora. En su debe hay que poner que casi no pisó un juzgado. A pesar de su encanto personal, no pudo o no quiso dialogar con el complejo mundo judicial. Y ahora llega la cara opuesta: Mariano Fernández Bermejo. Es el anti-Aguilar. Donde Juan Fernando ponía amabilidad, Bermejo pone dureza. Donde había ausencia de los juzgados, el nuevo es un fiscal que lleva más de treinta años metido en ellos. Y donde había una cierta capacidad de diálogo con el PP, ahora hay rencores viejos, que resucitan con estos reproches: para el PP, Bermejo ha sido su azote; para los socialistas, Bermejo ha sido la víctima de los gobiernos de Aznar. Viejos agravios que vienen a endurecer el ambiente político. Lo harán todavía más irrespirable. El señor Bermejo no sabe dónde lo han metido. Lo que hemos visto y oído estos días -la descalificación más absoluta, sin dejarle la cortesía de empezar a ejercer-es grave, porque es puro ataque personal; pero una pequeña anécdota ante lo que viene. Bermejo es el nuevo muñeco de la feria política. El PP lo necesita para demostrar que Zapatero es un izquierdista que se radicaliza, en vez moderarse por el ejercicio del poder. Y la oposición del PP en materia judicial es temible, porque domina el sector. Puede poner en contra del ministro a más de la mitad de los jueces. Puede torpedear la renovación del Consejo del Poder Judicial. En una palabra: puede hacerle vida imposible. Dispongámonos a asistir a esta batalla. Lo malo es el escenario de la pelea: el corazón mismo del estado de derecho. Pero da igual: el caso es conquistar o mantener el poder.