Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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YA HAN leído la noticia, real como la vida misma y alusiva al dios megaeconómico que nos gobierna. Desconfiando de los sistemas de seguridad, cierta señora australiana solicitó al Banco de Queensland una tarjeta de crédito a nombre de su gato, recibiendo a los pocos días el pertinente aval para que Messiah pudiera disponer libremente de 3.000 euros, lo que suena a ópera bufa. La cosa, sin embargo, no ha quedado ahí. El gremio de banqueros, esos seres que te dejan el paraguas cuando hace sol, porque si llueve resulta un poco más difícil, han decidido que la clientela gatuna tiene un enorme potencial y ya se anuncia una campaña de promoción alentada por el siguiente lema publicitario: «Si quieres una sardina, ven al banco de la esquina». En mala hora enseñé a leer a mis gatos, pues desde que se han enterado de la existencia del credit cat se han lanzado a una espiral de ostentación y derroche que asusta. El veterano Coco, añorando sus escarceos juveniles, ha solicitado unas dosis de Viagra que le hagan reverdecer viejos laureles amorosos. Greta, siempre coqueta, está como loca con su kit de maquillaje «Belleza Miau en 7 días». En cuanto a Guille y Guzmán, los gemelos malévolos, acaban de colgar en su cuarto un póster de la maciza Miss Felina 2006. Y Desi se ha equipado con un surtido de artilugios bélicos para fajarse como es debido con los gatos vecinos. En realidad, no está tan mal lo del crédito felino. Cuando visitemos a María, nuestra veterinaria favorita, pagaremos con el credit cat. Y cuando vaya a cobrar al banco, que rece todo lo que sepa.

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