EN BLANCO
El ministro feminista
EL FRAGOR MEDIÁTICO causado por el nombramiento del nuevo titular de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, ha impedido despedir como se merece a Juan Fernando López Aguilar, de regreso a sus feudos canarios para someterse al implacable veredicto de las urnas. Con respecto al recién llegado don Mariano, a quien pretenden picarle el billete sin haberle dejado siquiera encontrar el despacho, debo confesar que en principio me cae divinamente. Y no me refiero a sus dotes como jurista, sino al laudable hecho de haber formado parte del grupo pop Los Cirros, algo así como nuestros añorados Cirolines. Bermejo tocaba el bajo en una de esas bandas que tratan de ganarse la vida tocando de pueblo en pueblo, y aunque seguro que no era precisamente Keith Richards, un hombre contaminado por el demonio del rock and roll no puede ser malo del todo. De quien pretendo hablar es de López Aguilar, que al menos será recordado por uno de esos gestos ennoblecidos por la dignidad que ya no se estilan. Corría el mes de enero cuando, echándole un par de cascabeles al asunto, suspendió una conferencia que tenía previsto impartir en la Universidad islámica de Riad, ya que las autoridades impidieron la entrada a las cuatro mujeres periodistas que seguían su visita oficial a Arabia Saudí. La arrogancia de la ignorancia es tremenda, y al parecer algunos devotos de Mahoma siguen creyendo que las mujeres sólo resultan apropiadas para el juego que se libra entre el colchón y las sábanas. Craso error que huele de lejos a pura caspa, como bien puso de manifiesto nuestro cesante y galante ministro.