Diario de León
Publicado por
VENTURA PÉREZ MARIÑO
León

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EN LA EPOPEYA vital de todo detenido como presunto autor de un delito suelen sucederse dos momentos claramente diferenciados. El primero se produce cuando de forma sorpresiva se le detiene y se le interroga, en el que la respuesta habitual se suele acercar a la verdad de lo sucedido. Es el momento en que la evidencia de las pruebas abruma al sospechoso; momento en el que le fallan las fuerzas y cede a la satisfacción que produce decir la verdad y en cierta medida descansa. Es lo que se conoce en la jerga policial como el derrumbe. Pero este desahogo dura poco. A las horas, después de hablar con su abogado que le pone sobre aviso de las responsabilidades a las que se ha comprometido con su declaración, le asalta la tentación de cambiar todo lo confesado. Además, se le presenta la oportunidad de hacerlo con el traslado de escenario policial al judicial, ámbito en el que se encuentra mas cómodo, con reflexión negativa sobre su futuro y con un interrogatorio menos irritante. Ahí comienza ese segundo momento en el que no deja de ser habitual que el detenido haga uso de su derecho constitucional a no confesarse culpable y a que se le presuma inocente. En mi opinión no hay que quedarse a ninguna carta. A lo más hay que aceptar aquella que esté validada por las pruebas y entre éllas también hay que contar, en su caso, con una de las divergentes declaraciones vertidas por el detenido. Es cierto que la primera, en caliente, suele acercarse mas a la verdad y la segunda parece mas propia del interés. En cualquier caso el declarante debe explicar los porqués de los cambios efectuados. El dilema se presenta cuando no hay mas pruebas que las declaraciones prestadas, contrarias, y en ese caso es posible basarse en una de las declaraciones, siempre que los jueces lo motiven, es decir expliquen la razón para llegar a su convicción. En definitiva el acusado o sospechoso esta en su derecho de decir lo que quiera, de cambiar su declaración las veces que estime oportuno, pero también los jueces están obligados a tomar solo la que le parezca razonable y decidir. Y eso en cada caso depende. Como la vida misma.

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