LA TORRE VIGÍA
A buenas horas...
EL GOBIERNO ya no cree en el pacto antiterrorista, y con ello ha dejado en la estacada a todos los que trataron de apoyar una estrategia que ya nació eivada, y que está en la base del fracaso parcial -¡el partido aún se está jugando!- de Rodríguez Zapatero. Claro que entre los sorprendidos por esta noticia no estoy yo, que llevo dos años denunciando, casi en solitario, la contradicción intrínseca que había en el pacto. Tampoco están ustedes, que me siguieron leyendo cuando me aparté del discurso correcto y di a entender que sobre la unanimidad no se pueden construir políticas de largo recorrido. Y tampoco está el PP, que siempre fue consciente de que el pacto antiterrorista era la soga que ataba y ahogaba a Zapatero. Si la Moncloa tuviese un buen gabinete de análisis, habría sabido dos años antes que la estructura interna del pacto antiterrorista estaba hecha para liberar al Gobierno y al ministro de Interior de las responsabilidades políticas de sus decisiones, y que para lo único que servía era para impedir cualquier debate sobre política antiterrorista, para disculpar y poner en valor la indecisión y falta de flexibilidad que caracterizó el tratamiento de la cuestión vasca, para externalizar hacia los jueces y el pueblo ciertas responsabilidades que sólo pueden asumir los legítimos gestores de la política antiterrorista, y para crear resoluciones nebulosas que no respetan la separación de poderes, ni la radicalidad de los principios democráticos, ni la idea de que la legalidad y la virtud no son términos equivalentes. Tan grave es el problema que hasta el clarividente Rubalcaba empieza a tener dificultades para distinguir el Estado de derecho de la democracia, para establecer su correcta jerarquía ética, y para darse cuenta de que el cumplimiento estricto de la ley no garantiza ningún acierto. Ahora saben que, si quieren hacer política contra el terrorismo, no les queda más remedio que dar por finiquitado el pacto. Pero Zapatero se equivoca otra vez al trasladarle al PP la responsabilidad de la ruptura, y al no aprovechar la oportunidad para destacar los cortes que va a introducir en su modelo antiterrorista. Porque somos muchos los que estamos deseando que el presidente se moje, que confíe en Rubalcaba, y que revise el conjunto de errores de gran calado que engendró el pacto antiterrorista. Porque si seguimos entre Pinto y Valdemoro no va a cosechar el éxito que busca, ni va a contar con el escudo protector que salvó a Mayor Oreja y a Acebes. Y porque, si no le bate en los fuciños al PP, en el Parlamento y en la opinión pública, jamás conseguirá que el dóberman suelte su presa. Porque el pacto, para el PP, es como vivir en Jauja.