León

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EL PP está eufórico tras la manifestación del sábado, pues logró un gran éxito de asistencia. Doy por hecho que la mayoría de los manifestantes fueron hombres y mujeres de bien que expresaron su desprecio hacia un terrorista y su rechazo hacia la medida tomada por el Gobierno. Hasta aquí todo estaría dentro del derecho a oponerse. Pero la verdad sigue siendo la que es: no se puede acusar al Gobierno de haber claudicado ante Eta y de haber despreciado a la sociedad. Y no debe hacerse porque no ha sido así. Incluso admitiendo que se hubiera cometido un error político -es indudable que De Juana es un personaje despreciable- no se puede llegar a tal conclusión ofensiva e intolerante. La razón es un logro de fondo, pero también de formas. Tengo la sensación de que algunos ondean una bandera que no es la mía, aunque coincidan los colores. No despojemos de matices a la verdad. Por otra parte, el portavoz José Blanco afirmó que «la sociedad española está pidiendo que se la libre de un líder como Rajoy», unas declaraciones también ofensivas e intolerantes. Que no cuenten conmigo para integrarme en ninguna asociación de linchamientos mutuos. No necesito que me recuerden quién es el enemigo, pues lo sé; algunos hasta lo llevan dentro. La crítica política a una gestión ha de ser compatible con aceptar que las decisiones deben tomarlas quienes los votos les han concedido tal responsabilidad; aunque, en la lucha contra el terrorismo, PP y PSOE deberían ir unidos. Son días tristes para cualquiera que crea en una política basada en el respeto al rival, fuera de demonizaciones maniqueas. Personalmente, he guardado en algún lugar recóndito del trastero interior mi capacidad de odiar. Y tiré la llave. No sé si fue sensato, pero me hace sentir más libre.

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