NORDÉS
Sucede cada año
QUE DE IMPROVISO, sorprendiéndonos, como si tal cosa, invariablemente llega, se deja caer y nos rodea, sin avisar se acerca sigilosa vestida de novia primeriza, gritando silenciosa que ya esta aquí. Sucede cada año que se reproduce ese dolor adolescente, que es recuerdo de juventud para los viejos, una postal del pasado que rebrota enmarcada por la pereza de las lluivias, apuntalada en los desordenes de las hormonas saltimbaquis que pierden equilibrio, colgada de la red de la noche que alarga los días. Los idus de marzoconcluyeron los malos presagios, y viene abril y mayo,dos meses que son una estación de estaciones donde apeamos la tristeza del invierno. Las mimosas son un océano de amarillos y terciopelo, los prunos una sinfonía que muda los colores de la vida en partituras que van del malva al blanco subrando las tardes que se paran en los caminos, y la luz de las mañanas regresó para quedarse, para ver la mar desde el malecón, para mirarla reflejada en los miradores del paseo. La mar es un espejo donde se ve la vida, la mar es una noche en la que viaja la muerte. Pero sucede cada año que la esperanza es como un salmo escrito en las fachadas tatuado en la piel, grabado en los discos duros del alma, escrito en las páginas de toda la literatura, cantado en las coplas de los ciegos, susurrado en los te quieros, cogida de la cintura de la vida, la esperanza ocurre en días como estos cuando quien escribe levanta la persiana de los amaneceres y destierra la noche que huye como un bandido reincidente. Y sin muchas razones, acaso ninguna, y sin saber porqué, el cronista aparece optimista ante sus lectores. Le sucede cada año cuando el jardín reinagura el barniz que remoza el césped y renueva las hojas de los arboles, y ve como el color de las flores. 1397124194