EL MIRADOR
Afganistán
TRAS LA CONCESIÓN de la medalla a nuestra soldado Idoya, se abrió un debate sobre la situación real en Afganistán que tiene trazas de empeorar. Allí no hay una guerra abierta al estilo conocido, porque la guerra de hoy ya no se libra entre los Estados. Tampoco hay una paz, porque allí se intenta proteger a los afganos que quieren tener seguridad y trabajo, frente a los ataques de grupos armados guerrilleros empeñados en luchar contra los soldados afganos y extranjeros. Podríamos decir que hay una guerra civil con intervención exterior, de uno y de otro lado. Es más, podemos asegurar que nuestros soldados fueron a Afganistán en misión de paz, para defender la ley y el orden, y reconstruir el país destruido después de una guerra, en la cual el gobierno de los talibanes y Al Qaeda fueron derrotados militarmente; aunque el nuevo gobierno del Presidente Karzai, está fallando en su política de ganarse a sus paisanos. Así, la población civil tiene miedo. El objetivo político de Karzai debería ser el convencer a su gente de que esta situación no tiene vuelta atrás. Es verdad, la Otan de 26 naciones asumió en la reunión de Riga del Noviembre pasado la responsabilidad de defender a Afganistán. Entonces se estableció que las principales amenazas a la seguridad internacional provienen del terrorismo, de la proliferación de armas de destrucción masiva y de la inestabilidad de los Estados fallidos. Ahora, la Otan se ha adelantado a la anunciada ofensiva de los talibanes en primavera y ha iniciado operaciones para desalojarlos de sus bases de partida, porque derrotar a los talibanes es un reto que tienen asumido; aunque no podemos olvidar que el ejército soviético invadió Afganistán en el año 1979 y los talibanes fueron capaces de hacerlo retroceder, si bien, entonces lo hicieron con ayuda de Estados Unidos. En resumen, se trata de hacer la guerra a quienes no quieren la paz.