DESDE LA CORTE
Buenas noches, nostalgia
CREO que será emocionante. Esta noche, toda la clase política superviviente de los tiempos del consenso se reunirá en torno a un hombre: Sabino Fernández Campo, que fue jefe de la Casa Real. Ahí estarán los que fueron jefes de gobierno, con la obligada y penosa excepción de Suárez, una veintena de ex ministros, gente que construyó España. ¿Motivo? Rendirle un homenaje. ¿Por qué? «No lo tengo muy claro», decía el propio Sabino ayer en la radio. Los demás españoles sí sabemos por qué: porque nos da la gana, porque lo merece, y porque ya era hora de honrar al general Fernández Campo, cuando ha entrado en sus espléndidos 89 años de edad. Lo impresionante de este homenaje es el asombro que causarán las personas que han confirmado su asistencia: ¡gentes que piensan de forma distinta!, y perdónenme que lo escriba entre admiraciones. ¿Se dan ustedes cuenta de lo que eso significa? Nos asombramos de que un hombre reúna a personas de militancia diferente. Es insólito. Entre los del Partido Popular, los del PSOE, los de la memoria histórica, de los países sin estado y demás inquilinos de nuestras instituciones, están haciendo una política de puro frentismo. Donde entra uno, no cabe otro. Por las cuestiones más nimias provocan un conflicto de estado. Por las cuestiones de estado provocan los conflictos más nimios. Esta noche, en ese homenaje, veremos que hubo un tiempo en que la política no era así. Los partidos peleaban por sus ideas. Sus batallas por el poder eran feroces, y a veces crueles. Usaban también las manifestaciones contra el poder. Pero no se odiaban. Y porque no se odiaban, eran capaces de sentarse juntos. Discrepaban, pero no sacaban a pasear el perro del rencor. Sobre gentes así, talantes así, se pudo redactar una Constitución y hacer posible la transición de un régimen autocrático a la democracia. ¿Qué interesaba al país? Pues eso se hacía. Ahora parece que todo se reduce a lo que interesa al partido. Y lo que no interesa, se margina. O lo que es peor: se condena. A ese pasado, tan reciente, se rinde homenaje esta noche en la persona de don Sabino Fernández Campo. ¿Una reunión nostálgica? Pueden ustedes llamarle así. Pero es la nostalgia de una forma de entender España que ha dado magníficos resultados. Ahora manda -no sólo desde el gobierno, sino desde todos los ámbitos del poder político y social- una generación distinta, que basa su pensamiento precisamente en que tienen otro sentido generacional de la existencia. Pero sin memoria histórica. Y ésta es la memoria histórica que hay que recuperar: la del entendimiento y la generosidad; la que representa Sabino Fernández Campo. A ésa me apunto. Y si me llaman nostálgico, responderé: a mucha honra.